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GRANDES PERSONAJES DE LA HISTORIA DE CHILE

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VIOLETA PARRA SANDOVAL (1917-1967)

clip_image001 Violeta del Carmen Parra Sandoval nació el 4 de octubre de 1917 en San Carlos, localidad ubicada al sur de Chile, en la región del Bío-Bío. Su interés por las artes lo heredó de su padre, Nicanor Parra, quien era profesor primario y destacado folklorista. Durante el primer gobierno de Carlos Ibáñez del Campo cientos de empleados fiscales fueron exonerados, entre ellos el padre de Violeta, razón por la cual la familia Parra Sandoval debió partir a Chillán en 1927. Los hijos de la familia comenzaron precozmente a mostrar su inclinación hacia el espectáculo, disfrazándose, cantando y montando presentaciones en las que cobraban entrada a los niños del barrio. En este contexto, Violeta comenzó a tocar guitarra a los 9 años y a los 12 ya compone sus primeras canciones.

La precaria situación económica de la familia llevó a Violeta a cursar la primaria y sólo un año de instrucción en la Escuela Normal. Tuvo que dejar sus estudios y se dedicó al trabajo en el campo para ayudar en su hogar. Violeta y su hermano Lalo, se dedicaron a cantar en restaurantes, circos, trenes, calles e incluso en burdeles.

Luego de la muerte de su padre en 1929, Violeta se fue a vivir a la capital, Santiago. Ahí intentó retomar sus estudios en la Escuela Normal de Niñas, pero los abandonó al poco tiempo para continuar cantando en bares y quintas de recreo junto a su hermana Hilda, con la que conformó un grupo de música folklórica llamado “Las Hermanas Parra”.

En 1938 contrajo matrimonio con Luis Cereceda, con quién tuvo dos hijos, Isabel y Ángel. Junto a ellos se dedicó a recorrer distintos lugares de Chile, interpretando canciones en teatros y boliches. En 1948 se separó de Cereceda y continuó su vida itinerante por el territorio nacional.  

A inicios de la década de 1950, Violeta comenzó a investigar la tradición musical de diversos barrios de Santiago, comenzando así una tarea que mantendría durante toda su vida: el rescate de la cultura popular chilena. Siempre junto a su guitarra, Violeta Parra recorrió Chile rescatando el folklore campesino. La recopilación que realizó, constituye uno de sus grandes aportes, ya que fue capaz de recuperar gran parte de la tradición chilena que no tenía posibilidad de ser registrada.

En 1953, Violeta fue contratada por la Radio Chile para una serie de programas que le permitieron ser reconocida en el ambiente folklórico nacional. Ese año grabó dos de sus canciones más conocidas: Casamiento de negros y Qué pena siente el alma. En 1954 obtuvo el premio Caupolicán, como premio a la folklorista más destacada del año. Luego de ganar este premio fue invitada al festival juvenil de Varsovia y aprovechó la ocasión para recorrer diversos países de Europa. En París se asentó durante dos años, siendo muy bien acogida en radio y televisión. En Francia grabó sus primeros discos como solista.

Violeta retornó a Chile en 1956 y un año después se trasladó a Concepción, ciudad en la que fundó y dirigió el Museo de Arte Popular. En 1958 volvió a Santiago y diversificó su actividad artística, realizando cerámicas, pinturas al óleo y arpilleras. Entre 1961 y 1965 regresó a París, aprovechando la oportunidad para dar a conocer el trabajo de sus hijos Ángel e Isabel y grabando canciones muy relevantes para su carrera, como Paloma Ausente y Arriba Quemando el Sol. En 1964 expuso sus óleos, arpilleras y esculturas de alambre en el museo del Louvre en París, siendo la primera vez que un artista latinoamericano realizaba una exposición individual en este prestigioso museo.  En esa misma época, Violeta escribe el libro Poesía popular de Los Andes y es filmada en Suiza en el documental Violeta Parra, bordadora chilena, siendo éste uno de los escasos registros audiovisuales que se tiene de ella. Es en ese país donde conoció al musicólogo suizo Gilbert Favré, el cual se convirtió en el gran amor de su vida. A él le dedicó canciones de amor y desamor, como Corazón maldito y Que he sacado con quererte.

Muchas de sus canciones en esta época tienen un fuerte contenido social, de crítica al sistema imperante y resistencia ante el autoritarismo y las desigualdades. En este sentido, algunos de los títulos más representativos son: Miren cómo sonríen, Qué dirá el Santo Padre y Arauco tiene una pena.

En 1965 Violeta Parra regresó definitivamente a Chile e instaló una gran carpa en la comuna de La Reina, junto a sus hijos Ángel e Isabel, y destacados músicos chilenos como Víctor Jara, Patricio Manns y Rolando Alarcón. El gran objetivo de Violeta fue convertir ese espacio en un gran centro cultural en el que se difundiera el folklore nacional y latinoamericano. Sin embargo, la respuesta del público no fue lo suficientemente entusiasta y no existió el apoyo suficiente para la consecución de su objetivo. En 1966 viajó a Bolivia y escribió sus últimas canciones, entre las que se encontraban Volver a los 17, Gracias a la vida, El Rin del Angelito y El Albertío.

Al cumplir los 50 años de vida, en 1967, Violeta Parra se suicidó en la Carpa de La Reina. Su legado es inconmensurable. Fue una artista multifacética, que logró plasmar en su obra su profundo compromiso con el ser humano. La universalidad de su obra es reflejo de una vida completa dedicada a rescatar las raíces y la memoria colectiva de Chile y el continente americano.

 

GRACIAS A LA VIDA… POEMA INMENSO…

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GRACIAS A LA VIDA…

POEMA INMENSO

Gracias a la Vida, poema inmenso, pleno de humanidad, humildad y sabiduría…

Gracias a Violeta que nos dio tanto…

Violeta Parra tiene que haber alcanzado el cielo cuando escribió Gracias a la Vida, por la claridad y belleza con que describe los sentidos y sentimientos y como ellos se manifiestan en el ser humano; su mano tiene que haber sido guiada por un ser superior, que también era sabedor de la pequeñez del hombre para reconocer en esos sentidos y sentimientos, la belleza de entregar y recibir.

Cada estrofa un poema para escuchar, para leer, una oración a la vida…

Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me dio dos luceros que cuando los abro

Perfecto distingo lo negro del blanco

Y en el alto cielo su fondo estrellado

Y en las multitudes al hombre que yo amo.

En la primera de ellas Violeta nos muestra y define el precioso don de mirar. Él que muchas veces no usamos en su real dimensión, y no somos capaces de distinguir la belleza de las cosas simples que están en nuestro rededor. Ya nadie mira las estrellas, ya nadie se enternece al ver volar una mariposa, ya no nos miramos ni entre nosotros, ni tampoco a nosotros, cuando miramos al espejo, sólo miramos nuestro traje, nuestra corbata, nuestro collar, nuestro peinado, también nos hace falta mirar más hacia adentro de nosotros mismos. Sólo vemos pero no queremos mirar.

Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me ha dado el oído que en todo su ancho

Graba noche y día grillos y canarios:

Martillos, turbinas, ladrillos, chubascos,

Y la voz tan tierna de mi bienamado.

Violeta con seguridad escuchó todos esos sonidos. Violeta nos muestra la belleza de escuchar lo que oímos; de detenernos en alguna plaza y escuchar el canto de un zorzal; escuchar los niños cuando se cuentan sus aventuras; estar frente al mar y escuchar el canto de la gaviota, escuchar el rumor del mar; pasar frente a una fábrica y escuchar la melodía que cantan las máquinas. También nos hemos olvidado de escuchar a los otros, de escuchar nuestra conciencia de escuchar nuestro corazón…

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado el sonido y el abecedario

Con él las palabras que pienso y declaro

Madre, amigo, hermano, y luz alumbrando

La ruta del alma del que estoy amando.

Violeta agradece, no el poder hablar, sino el tener voz y las palabras para expresar lo pensado, para decir los sentimientos, aquello que nos llena el alma, aquello sublime que nuestro entender quiere decir a los otros. La voz no sólo transmite sonidos, también lleva con ella nuestros sentimientos, nuestras alegrías, nuestros pesares. Hoy, tampoco usamos la voz para entregar, la usamos para exigir, para romper, para transgredir la misma palabra, cuando no a los otros.

Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me ha dado la marcha de mis pies cansados:

Con ellos anduve ciudades y charcos,

Playas y desiertos, montañas y llanos

Y la casa tuya, tu calle, tu patio.

Que dichosa Violeta de haber pisado tantos suelos, conociendo y sintiendo cada uno de ellos; es claro que cada uno de ellos tiene una singularidad para entregar. Caminar también es sentir; sentir la arena bajo los pies en la playa o en las dunas del desierto, sentir la hojarasca en el campo, sentir la ciudad. Siente la distancia entre tu casa y el trabajo, entre tu casa y la escuela…

Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me dio el corazón que agita su marco

Cuando miro el fruto del cerebro humano:

Cuando miro el bueno tan lejos del malo

Cuando miro el fondo de tus ojos claros.

Que bendita posibilidad de mirar con el corazón. Que grande aquel que puede mirar con la razón. Las dos formas de mirar, nos permiten conocer la belleza y la bajeza del ser humano y discernir hacia dónde va nuestro camino; también ver las cosas que están más allá de nuestros ojos, más allá de nuestro pequeño entendimiento.

Gracias a la vida que ha dado tanto
Me ha dado la risa  y me ha dado el llanto,

Así yo distingo dicha de quebranto,

Los dos materiales que forman mi canto

Y el canto de ustedes que es el mismo canto

Y el canto de todos que es mi propio canto

Gracias a la vida que me ha dado tanto.

Tantas emociones y tantos sentimientos que podemos expresar a través de la risa y del llanto. Toda nuestra vida está hecha, plagada de esos momentos. Los dos son parte inseparable del ser humano, y con ellos no sólo expresamos, también acumulamos conocimiento de la vida. La risa no es un rictus del hombre o la mujer para sí, es la demostración de una emoción que sentimos y compartimos con otros. Y el llanto no es un derramar de lágrimas al vacío, es la expresión de un sentimiento respecto de algo vivido.

Y cada estrofa culmina con la expresión más profunda del amor. Cada estrofa, que es un canto especial y particular a sentidos y emociones diferentes, tiene un remate en el sentimiento más profundo que lleva a la perfección de hombres y mujeres: el amor. El amor por el ser que es considerado la otra parte que nos permite hacer un todo.

 

MUJERES DE CHILE

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En la vida de todos, siempre ha habido alguna mujer que nos ha marcado. Alguna mujer que por sus sentimientos, sus hechos o su forma de ser, ha dejado clavado en cada uno de nosotros su sello imborrable. Puede haber sido nuestra madre, hermana, abuela, suegra, tía, hija, amante; en fin, cualquiera de ellas. Así también, en la vida de las ciudades y de los países ha habido mujeres que los han marcado con su huella. Chile no es la excepción, el que hoy Chile tenga cono presidenta a una mujer, no es un hecho aislado, sino el corolario de una vasta serie de mujeres que han dado lustre a nuestro país.

 

Chile se caracteriza por tener mujeres célebres en todos los ámbitos del quehacer nacional, desde la época de la conquista ya comienzan a aparecer en la vida pública, y desde esa época iniciaremos un recorrido, conociendo parte de la vida de ellas.

 

GUACOLDA Y FRESIA

Dos mujeres mapuches, Guacolda y Fresia, son las primeras en aparecer en la historia. A pesar de que ellas sólo son mencionadas en la novela épica, “la Araucana”, de Alonso de Ercilla y Zúñiga y, por ello, se piensa que no sean más que personajes creados por Alonso de Ercilla para mostrar a la mujer mapuche.

 

Alonso de Ercilla puede haber creado los personajes, pero seguramente se baso en los hechos y en lo que él conoció de la mujer mapuche para darles vida.

 

Así, se dice de Guacolda, que profundamente enamorada de Lautaro, le habría acompañado en sus últimos momentos antes de ser derrotado por Francisco de Villagra; este, vencedor la habría llevado consigo y poco después ella habría muerto de pena.

 

Fresia, aparece en La Araucana en el momento de la captura de Caupolicán, quién habría sido su pareja. Se cuenta en La Araucana que ella, al ver derrotado a Caupolicán, le habría arrojado el hijo de ambos a los pies; diciendo: toma tu hijo, críalo tú, que yo no quiero el título de madre del hijo infame de padre infame.

 

No obstante, y a pesar de que ningún otro cronista hace mención a la existencia de las dos mujeres, ellas forman parte de la historia y constituyen un elemento importante en la constitución de la identidad nacional.

 

INÉS DE SUÁREZ

A pesar de no ser chilena, merece ser destacada por su participación en la conquista y en fundación de Santiago. Fue la única mujer blanca que formó parte de la expedición conquistadora de Valdivia.

 

Inés Suárez habría nacido aproximadamente hacia 1507 en España; murió en Chile en 1580. Viajó a América, llegando al Cuzco. Se ignora la forma en que conoció a Pedro de Valdivia, a cuya expedición conquistadora se unió.

 

Convivió con el conquistador de Chile hasta que, estando él en Lima, fue juzgado entre otras cosas, por esta relación, obligándosele a terminarla y a traer a Chile a su mujer, Marina Ortíz de Gaete. También, se le ordenó casar a Inés, quien contrajo matrimonio con Rodrigo de Quiroga, cuando ella tenía 42 años y el novio 38.

 

Su gran empuje y su relación con Valdivia, influyeron en que el conquistador le concediera una encomienda de indígenas. En el documento respectivo, el Gobernador decía: "Por cuanto Vos, doña Inés Suárez, vecina de Santiago, vinisteis conmigo a estas provincias a servir en ellas a Su Majestad, pasando muchos trabajos y fatigas…. que para los hombres eran muy ásperos de pasar, cuanto más para una mujer tan delicada como Vos…"

 

Luego de casarse, Inés se caracterizó por llevar una vida tranquila y piadosa. Junto a su marido, contribuyó a la construcción del templo de la Merced y de la ermita de Monserrat, en Santiago.

 

La recién fundada ciudad de Santiago fue atacada por los indígenas el 11 de septiembre de 1541 e Inés Suárez asumió un importante rol en la defensa de ella. Cuenta el cronista Mariño de Lobera que "Viendo doña Inés que el negocio iba a derrota batida y se iba declarando la victoria por los indios, echó sobre sus hombros una cota de malla y de esta manera, salió a la plaza y se puso delante de todos los soldados, animándolos con palabras de tanta ponderación que era más de un valeroso capitán que una mujer ejercitada en su almohadilla. Y juntamente les dijo que si alguno se sentía fatigado de las heridas, acudiese a ella a ser curado, por su mano…".

 

Gerónimo de Vivar señala que, en la misma ocasión, Inés tomó una espada y dirigiéndose hacia el recinto en que los españoles tenían a algunos caciques indígenas, les dio muerte. Según otra versión, Inés habría concurrido a aquel lugar y dado orden de matar a los prisioneros. El soldado Hernando de la Torre habría preguntado: "Señora: ¿de qué manera los mato?", a lo que ella habría respondido, desenvainando la espada: "De esta manera" y acto seguido los habría decapitado.

 

JAVIERA CARRERA

Nació en Santiago el 10 de marzo de 1781; fue bautizada como Francisca Xaviera Eudocia Rudecinda de los Dolores Carrera y Verdugo. Hija de don Ignacio de la Carrera Cuevas y de doña Francisca de Paula Verdugo Valdivieso. Luego de ella nacerían sus tres hermanos, Juan José en 1782, José Miguel en 1785 y Luis Florentino en 1791, mimado y protegido de Javiera; ellos también serían pilares fundamentales de la independencia de Chile.

 

Se casó dos veces. La primera de ellas fue con Miguel de la Lastra y después con Pedro Díaz de Valdés.

 

Vivió junto a sus hermanos todas las vicisitudes de de la época, desde 1810 hasta 1821, periodo en que los Carreras tiene participación decidida e trascendental en el proceso histórico.

 

Tuvo gran ascendiente sobre la actuación de sus hermanos y también tenía una gran influencia en la naciente sociedad de su tiempo.

 

Fue y es considerada la madre de la patria. Ella encarnó todo el dolor de la legión de los vencidos, pero no claudicó nunca de sus ideales.

 

La escritora inglesa, Mery Graham en su "Diario de mi residencia en Chile" se refiere a Javiera diciendo "la hermana de José Miguel aspiraba a hacer de él un Napoleón, arrancándolo a la aturdida y borrascosa vida de joven calavera y dirigiéndolo hacia las metas del poder y la gloria". Inteligente y ambiciosa, fue la ideóloga de los planes de lucha para libertar a Chile. Era una mujer de no perdonar, sagaz y hábil.

 

En 1811 regresaron a Chile desde España su esposo Pedro y su hermano José Miguel, con el cargo de sargento mayor de los Húsares de Galicia y la experiencia de haber vivido la caída de la monarquía española bajo las tropas napoleónicas.

 

En la época ya se sabía en las colonias españolas de que Fernando VII estaba en prisión. Consecuencia de eso, es que comienzan los movimientos que llevaron a plantear la independencia.

 

La revolución dividía la opinión entre el pueblo chileno. Por un lado estaban los Larraín y sus seguidores y por el otro los Carreras. En este último grupo, sin duda, la más fuerte era Javiera. Además de esconder a soldados en su casa, era la encargada de recibir durante las noches y las madrugadas las carretas conducidas por los "huasos" (hombres de campo) cargadas de armas para repartirlas en la ciudad. Fue tan significativa su actuación que entre los revolucionarios usaron la frase "viva la Panchita" como contraseña.

 

El 4 de septiembre de 1811 se produjo la revolución encabezada por José Miguel Carrera. El grupo de la familia Larraín se hizo cargo del gobierno, pero el 2 de diciembre del mismo año, por diferencias con los Larraín, José Miguel depone a las nuevas autoridades, y disuelve el Congreso. Se inició así el dominio concluyente de la familia Carrera sobre el gobierno de Chile.

 

En el periodo siguiente, que va hasta 1814, Javiera no ocupó ningún cargo político, pero participó de manera anónima dentro de la esfera del poder. Especialmente como asesora y consejera y su influencia fue siempre incuestionable.

 

La figura de Javiera despertó resentimientos y críticas. Se le atribuyó en lo político el haberse hecho cargo de situaciones que debían ser cumplidas por su hermano José Miguel, y en lo social haber cancelado el minué de los salones, imponiendo la zamba y zapateos, que representaban lo americano.

 

En octubre de 1814, habiendo perdido el ejército patriota en Rancagua, el gobierno español retomó el poder. José Miguel Carrera y Bernardo O’Higgins, se vieron obligados a emigrar junto con sus familias a Buenos Aires y Mendoza. Javiera decidió partir con sus hermanos.

 

Su exilio fue muy difícil, obligados por la falta de dinero, Javiera y sus hermanos realizaron todo tipo de trabajos.

 

El 4 de febrero de 1824 embarcaba en el "Tritón", rumbo a Valparaíso por el Cabo de Hornos. No quería hacer este viaje por tierra y pasar por Mendoza, lugar donde habían muerto sus tres hermanos.

 

De vuelta en Chile, se aisló en su hacienda de El Monte dedicándose a la beneficencia con las monjas Trinitarias. Su única aspiración era repatriar los restos de sus hermanos enterrados en Mendoza. Los cuerpos llegaron a Chile en mayo de 1828. En la actualidad descansan en la Catedral de Santiago de Chile junto a ella.

 

PAULA JARAQUEMADA

Conocida por su carácter decidido, Paula Jaraquemada Alquízar puso todos sus recursos a disposición de las fuerzas revolucionarias a principios del siglo XIX.

 

Nació en Santiago en junio de 1768 y murió, en la misma ciudad, el 7 septiembre de 1851. Sus padres fueron Domingo de Jaraquemada y Cecilia de Alquizar. Su niñez y adolescencia deben haber transcurrido como la de todas las mujeres de fines del siglo XVIII, es decir, debió haber aprendido las primeras letras y recibido una educación sólida en aspectos morales, y práctica en asuntos domésticos.

 

Su figuración pública se la debe a la Guerra de la Independencia.

 

En 1818, enterada de la Sorpresa de Cancha Rayada, organizó militarmente a los inquilinos de su hacienda de Paine y le ofreció estas fuerzas al general José de San Martín.

 

Junto a sus hombres, transformados ahora en soldados, Paula Jaraquemada concurrió a entrevistarse con San Martín, a quien proporcionó además otros elementos que eran necesarios, tales como caballos, alimentos y pertrechos. Su hacienda se transformó en hospital de sangre, pues allí fueron remitidos los heridos en Cancha Rayada, y también sirvió de Cuartel General para San Martín.

 

Finalizada la guerra, Paula Jaraquemada realizó una activa labor en beneficio de los desamparados. Se cuenta que en una oportunidad llegó a salvar del cadalso a una mujer conocida como "la Caroca", condenada a la pena de muerte por sus crímenes.

 

Paula Jaraquemada era conocida por su carácter decidido y altivo. Un ejemplo de ello es lo que ocurrió una vez que las tropas revolucionarias habían salido de su hacienda. Inesperadamente, recibió la visita de una avanzada de las fuerzas realistas (españolas).

Su posición política era conocida y por ello no le extrañó que los realistas aparecieran por esos parajes. Según dice la tradición, se habría producido la siguiente conversación entre el oficial al mando y ella.

 

– Oficial: las llaves de la bodega.

– Doña Paula: ¿Necesita usted víveres? Los tendrá en abundancia.

– Oficial: las llaves pido.

– Doña Paula: las llaves no se las entregaré jamás. Nadie sino yo manda en mi casa.

 

Molesto, el oficial habría ordenado a sus hombres prender fuego y Paula, entretanto, habría avanzado hacia la tropa, desafiándola. Los soldados, desorientados, no habrían sabido qué hacer, al igual que su comandante quien, entonces, ordenó incendiar la casa.

 

Ante esto, la dueña habría partido en busca de un brasero y lo habría hecho rodar por el suelo exclamando: "¡Allí tenéis fuego!". Ante esto, el oficial, sin saber cómo proceder, decidió partir.

 

ISIDORA ZEGERS

Nació en Madrid el 1 de enero de 1803, y era de ascendencia flamenca y francesa. Fue hija de Juan Francisco Zegers y Florencia Montenegro. Estudió canto, guitarra, arpa, piano y composición en París, bajo la dirección de Federico Massimino, de reputación cosmopolita en Europa.

 

Isidora inició su vida artística en la ópera de esa ciudad y la continuó en Santiago, cuando vino a Chile con su padre en 1823, quien había sido contratado por el Ministerio de Relaciones Exteriores. La familia completa incluyendo a su madre y tres hermanos, adoptó este país como segunda patria.

 

Contrajo matrimonio en 1826 con el coronel Guillermo Vic Tupper, quien falleció en 1830 en los campos de Lircay. Se casó en segundas nupcias con Jorge Huneeus Lippman en 1835, dejando descendientes de los dos matrimonios.

 

Fue en esta etapa cuando Isidora Zegers tomó un rol decisivo en el ambiente cultural capitalino; no obstante, ya antes de enviudar, su tertulia era centro de la actividad cultural de la ciudad.

 

Pero su vida no solo transcurrió en Santiago, ya que debido a una dolorosa enfermedad se trasladó a Copiapó en 1862, buscando un clima más favorable para su salud. Aun en medio de sus dolencias no abandonó su compromiso con el desarrollo musical, dando vida en aquella ciudad a una sociedad filarmónica local.

 

En 1852, Isidora Zegers fue nombrada por el gobierno presidenta honoraria de la Academia Nacional del Conservatorio de Música. Fundó la Sociedad Filarmónica de Santiago en 1826, centro potencial del movimiento artístico de toda esa época.

 

Introdujo las antiguas prácticas musicales de los conciertos de beneficencia, en los cuales participaba como cantante u organizadora.

 

Su aporte en composición no es prolífico, pero sí son obras de consistencia y significación. Sus obras están escritas para piano solo, o para canto y piano, y casi todas aparecen fechadas en París en 1822, excepto una realizada en Chile, pero en total estas no pasan de cinco. Las instrumentales, son una docena todas con nombres femeninos, llamadas contradanzas, entre las que destacan La Flore y La Camille.

 

Su muerte ocurrida el 17 de julio de 1869 fue motivo de luto nacional en las bellas artes. "La Sociedad de Santiago está de duelo -escribía José A. Soffía- y el arte se viste de luto. Aquella ha perdido a una de sus más ricas joyas y este ha visto eclipsarse el más resplandeciente de sus astros".

 

GABRIELA MISTRAL

† Nueva York, 10 de enero de 1957

Gabriela Mistral, nació en Vicuña, en el norte de Chile, el 7 de abril de 1869 y fue bautizada con el nombre de Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, fue una destacada poetisa, diplomática y profesora chilena, reconocida en el mundo entero por sus obras literarias. Es la única mujer latinoamericana que ha ganado el Premio Nobel de Literatura, en 1945. Se dice que su seudónimo lo habría formado tomando el nombre de Gabriel D’Annunzio, poeta italiano y el apellido Federico Mistral, poeta francés; para otros, Mistral habría sido tomado de los vientos mistral. 

 

En 1904 comienza a trabajar como profesora ayudante en la Escuela de La Compañía Baja y empieza a mandar colaboraciones al diario El Coquimbo de La Serena. Al año siguiente escribe periódicamente en el diario anteriormente mencionado y en La Voz de Elqui de Vicuña. Desde 1908 es maestra en la localidad de La Cantera y después en Los Cerrillos. Tiempo después ascendió de ayudante de maestra a directora de la escuela; para ella los libros eran algo sagrado. Posteriormente en 1910 valida sus estudios ante la Escuela Normal N° 1 de Santiago y obtiene el título oficial de Profesora de Primaria, otorgado por el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile.

 

En esta época conoce a Romelio Ureta, funcionario de ferrocarriles. Lamentablemente el era adicto al juego, consecuencia de eso el robo dinero de la empresa y al no poder pagar se suicida. La muerte y el amor se convierten en unos de los temas principales de su poesía.

 

El 12 de diciembre de 1914 obtiene el primer premio en el concurso de literatura de los Juegos Florales organizados por la FECH en Santiago, por los “Sonetos de la Muerte”. Hasta 1922 vivió en Chile, donde ejerció la docencia en una serie de escuelas, desde la ciudad de Antofagasta en el norte, hasta el puerto de Punta Arenas en el extremo sur, donde dirigió su primer liceo. Sirvió como directora en las ciudades de Temuco en 1920 y Santiago en 1921. en 1922 viaja invitada por el gobierno de México para dirigir la reforma educacional. Ahí comienza una serie incansable de viajes entre América y Europa.

 

En 1924 publica en Madrid Ternura, libro en el que la autora practica un tipo de "poesía escolar" novedoso, renovando los géneros tradicionales de la poesía infantil (canciones de cuna, rondas, arrullos…).

 

Petronila Alcayaga, su madre, murió en 1929, Gabriela Mistral le dedicó la primera parte de su libro Tala. En 1943, en Petrópolis (Brasil) , a los 18 años se suicida Juan Miguel Godoy, un joven que fue adoptado por Gabriela Mistral, conocido como su sobrino, pero que Doris Dana, su albacea literaria y confidente, aseguró antes de morir que en realidad era su hijo biológico.

 

El 10 de diciembre de 1945 recibió el Premio Nobel de Literatura de manos del Rey Gustavo V de Suecia. Con este galardón se convierte en el primer literato latinoamericano en ser premiado con el Nobel. En 1947 recibió el Doctorado Honoris Causa del Mills College of Oakland, California y en 1951 obtuvo el Premio Nacional de Literatura.

 

Luego viaja a Nueva York, donde vivió hasta su muerte. Publicó su libro Desolación en Nueva York y después en Chile. Uno de sus lugares favoritos de Nueva York era una fuente donde ella se inspiraba a escribir. Debido a su delicada salud, Mistral prefirió alejarse del mundo en su casa de Nueva York. El 10 de enero de 1957, muere a la edad de 67 años.

 

MARÍA LUISA BOMBAL

Nació en Valparaíso el 8 de junio de 1910. Fue la hija mayor del matrimonio formado por Martín Bombal Videla y Blanca Anthes Precht.

 

Ya en sus primeros años manifestó su gusto por la lectura, escuchando los cuentos de Hans Christian Andersen y los hermanos Grimm, sus autores favoritos.

 

Primero estudió en el Colegio de Viña del Mar. A los 8 años escribió su primer poema, Los Copihues Blancos.

 

Luego de la muerte de su padre en 1919, su madre decidió viajar a París con sus tres hijas. Allí ingresó al colegio del Convento de Notre Dame de l’Assomption y luego al Colegio Sainte Geneviève, también de monjas secularizadas. Posteriormente, asistió al liceo para rendir el Bachillerato.

 

Su madre la educó a ella y a sus hermanas específicamente para el matrimonio, pero ya en esta época se dio cuenta del talento de María Luisa. Asimismo dio a sus hijas un modelo de gusto por las Artes y la Cultura, que influyó también en su formación.

 

En septiembre de 1928, María Luisa Bombal ingresó a la Facultad de Letras de La Sorbona, para optar al grado de licenciada en Literatura. Su madre, que había decidido volver a Chile, la dejó bajo la tutoría de José Eyzaguirre y Juanita del Carril. A escondidas decidió ingresar a los cursos recién creados de Arte Dramático de l’Atelier…

 

El sentido desolado del amor y de la vida marcó a la escritora desde su juventud. Bajo su aparente alegría juvenil se escondía la tragedia.

 

Al llegar a Valparaíso, de regreso de Francia conoció a Eulogio Sánchez Errázuriz, amigo de la familia. Era un ingeniero civil de 28 años, hombre de mundo, fundador de la Milicia Republicana, que junto a otros profesionales actuó hacia 1933. Separado de hecho, Eulogio se convirtió en el gran amor de María Luisa.

 

Después de trasladarse a Santiago, María Luisa entró al círculo de intelectuales y escritores jóvenes y exitosos de la época. Conoció a Marta Brunet y a Pablo Neruda.

 

Con Marta Brunet formó la Compañía Nacional de Dramas y Comedias, dirigida por Luis Pizarro Espoz, que estrenó el 4 de noviembre de 1932 en el Teatro Carrera, donde María Luisa participó como actriz.

 

Poco duró esta afición, según ella declaró: “Era muy intelectual, muy fría como actriz. Creo que en definitiva no hubiese servido… No me podía dedicar a dos cosas: o era el teatro o era la literatura”.

 

El destino trágico de María Luisa Bombal se expresó en el despecho por el abandono de su amante Eulogio. Con ocasión de una invitación a su casa con su hermana, decidió suicidarse con un arma de él. Sólo se provocó una herida en el hombro derecho.

 

Hacia 1933, convencida del desinterés de Eulogio, decidió ir a Buenos Aires con el recién nombrado cónsul Pablo Neruda y su esposa, donde se dedicó a escribir y a hacer periodismo. En Buenos Aires entró al círculo de escritores de Neruda. Participó en la bohemia y el rico ambiente intelectual argentino, donde escribió La Última Niebla.

 

En el verano de 1935 apareció La Última Niebla, ovacionada por la crítica bonaerense. Este relato dejó ver definitivamente a la extraordinaria novelista que era María Luisa Bombal.

 

El 28 de junio de 1935, María Luisa Bombal se casó con su amigo Jorge Larco: “Sin interés amoroso, me casé con un homosexual, artista, pintor, confiando en un ilusorio compañerismo… Pero cuando me casé, seguía enamorada de Eulogio”. La relación duró muy poco. En enero de 1937 se inició un escandaloso juicio de divorcio.

 

El 21 de abril de 1938 apareció su segundo libro, La Amortajada, obra maestra que hizo decir al famoso crítico literario, Alone: “María Luisa Bombal posee una condición rarísima, don gratuito, verdadero presente de los dioses, imposible de adquirir por ninguna clase de estudios; la mirada nueva y limpia, el modo natural y original de ver las cosas, la sensación directa del paisaje y de los seres”.

 

En 1939 escribió el cuento largo El Árbol, en el que como los anteriores, la protagonista es una mujer casada que no puede expresar su amor. A este le seguirá Las Islas Nuevas.

 

En marzo de 1940 se estrenó la obra La Casa del Recuerdo, en la que Libertad Lamarque dio vida a la protagonista creada por María Luisa, escritora del argumento. Regresó a Chile en agosto de 1940, y comenzó a escribir La Historia de María Griselda.

 

Saber nuevamente de su gran amor Eulogio y la noticia de que este se había casado, le produjo un desequilibrio emocional que la llevó a intentar asesinarlo el 26 de enero de 1941: “Al matarlo mataba mi mala suerte, mataba mi chuncho”, diría más tarde.

 

María Luisa permaneció detenida hasta el 4 de abril de 1941, cuando obtuvo la libertad provisional. El 21 de octubre siguiente fue absuelta en forma definitiva.

 

La escritora pasó sus próximos años en Estados Unidos. El 1 de abril de 1944 contrajo matrimonio con el conde Fal de Saint Phalle y Chabannes, padre de su hija Brigitte, nacida a fines de ese año.

 

En 1947 apareció House of Mist, la adaptación de La Última Niebla para el cine. Al año siguiente, saldría la traducción, hecha por el matrimonio Fal, de La Amortajada (The Shrouded Woman).

 

Su larga estadía en Estados Unidos la alejó de su idioma, hasta que decidió escribir en castellano La Maja y el Ruiseñor. También escribiría Mar, Cielo y Tierra y Las Trenzas.

 

Después de 20 años de ausencia, María Luisa Bombal volvió a Chile en varias ocasiones. Luego de la muerte de su esposo, en diciembre de 1969, se retiró a Buenos Aires, donde permaneció hasta el 26 de agosto de 1973, cuando decidió retornar a su patria.

 

Entre 1974 y 1980 se negó sucesivamente el otorgamiento a María Luisa Bombal del Premio Nacional de Literatura, ya demás merecido. En 1976 se publicó su antigua novela inédita La Historia de María Griselda, con la que obtuvo el Libro de Oro, entregado por la Agrupación de Amigos del Libro.

 

En 1977 se le otorgó el Premio Academia 1976, por el buen uso del idioma castellano. El 22 de diciembre de 1978 recibió el Premio Joaquín Edwards Bello, dedicado a los valores literarios de la Quinta Región.

 

El 28 de enero de 1978 el Ministerio del Interior dictó un decreto mediante el cual se le concedió una pensión de gracia, en consideración a su gran aporte a la cultura.

 

El 3 de mayo de 1980, Luis Sánchez Latorre, Presidente de la Sociedad de Escritores de Chile, señaló en el diario Las Últimas Noticias: “María Luisa Bombal, gloria y prez de la literatura chilena (por no decir de toda la literatura actual de lengua española)… permanece en una sala común del Hospital Salvador…”.

 

El 6 de mayo de 1980 la escritora falleció sola.

 

El crítico Ignacio Valente escribió el 11 de mayo, en el suplemento cultural de El Mercurio: “Ha muerto María Luisa Bombal. Ha muerto sin el Premio Nacional de Literatura. Igual que Juan Emar. Las dos más altas cumbres de la narrativa chilena de este siglo han compartido un doloroso destino: el pago de Chile”.

 

 

VIOLETA PARRA

Violeta Parra Sandoval, folklorista, artista textil y pintora. Nació en San Carlos, provincia de Ñuble, Chile, el 4 de octubre de 1917 y falleció en Santiago en 1967.


Su padre era profesor de música y su madre una campesina de oficio modista, que gustaba del canto y la guitarra. Formaron una numerosa familia con nueve hijos cuya infancia transcurrió en el campo.


A los nueve años Violeta Parra se inició en la guitarra y el canto y a los doce años compuso sus primeras canciones. Sus estudios primarios los realizó en las ciudades de Lautaro y Chillán y en 1934 ingresó a la Escuela Normal de Santiago a recibir la formación como maestra. En esa época ya componía boleros, corridos y tonadas, y trabajaba en circos, bares, quintas de recreo y pequeñas salas de barrio.


A los 21 años se casó con Luis Cereceda, ferroviario. De este matrimonio nacieron sus hijos Isabel y Ángel, con los cuales más tarde realizó gran parte de su trabajo artístico musical.


A partir de 1952, impulsada por su hermano, el poeta Nicanor Parra, comenzó a recorrer diferentes zonas rurales, investigando y recopilando poesía y el canto popular de los más variados rincones del país, experiencia que sin duda repercutió en su sentir artístico y que se plasmaría visiblemente en sus obras plásticas.

Entre los años 1952 y 1953 elaboró una síntesis de la cultura popular chilena haciendo emerger una tradición hasta entonces escondida, transformándose en una recuperadora y creadora de la cultura de América Latina. En estos años, durante una enfermedad que la mantuvo un largo tiempo en cama, se inició como arpillerista. Incursionó además en la cerámica y en la pintura. Fue fundadora del Museo de Arte Popular de la Universidad de Concepción.


Entre los años 1955 y 1959 recorrió Europa y asistió a distintos encuentros y festivales de música folclórica. Realizó una serie de viajes a la Unión Soviética, Finlandia, Alemania, Italia y Francia. En estos años compuso piezas musicales, grabó numerosos discos, programas de radio y televisión y realizó conciertos y muestras de su obra plástica en distintos escenarios de Europa y América Latina. Se destaca la exposición individual de sus arpilleras y óleos realizada en 1964 en el Pavillon de Marsan del Louvre de París, logrando ser la primera artista latinoamericana en exhibir sus obras en el famoso Museo.


En 1965, de regreso en Chile, instaló una carpa en la comuna de La Reina creando un Centro de Folklore y Arte Popular.


Sus obras conforman el patrimonio de la Fundación Violeta Parra, creada por sus herederos con la finalidad de rescatar, preservar y difundir la creación plástica y literaria de esta artista del pueblo, que logró la universalidad a través de su arte.

 

MARTA BRUNET

Marta Brunet Cáraves, Desarrolló tempranamente su gusto por las letras y la escritura, y aunque en la adolescencia manifestó su vocación por proseguir una carrera profesional, sus padres se lo impidieron. Vivían en un ambiente eminentemente conservador, que veía con malos ojos el ingreso de la mujer al mundo profesional.

 

Fue hija única del acaudalado matrimonio formado por Ambrosio Brunet Molina y la española María Presentación Cáraves del Cossio. Nació en Chillán el 9 de agosto de 1897. Confinada al campo familiar en Malleco, no asistió al colegio y creció entre lecturas, rodeada de profesores y otros adultos. Como muchos jóvenes de su entorno, tuvo ocasión de complementar su formación con un viaje al Viejo Mundo (en 1912). Tras iniciarse la Primera Guerra Mundial, regresó a Chile.

 

Así permaneció en Chillán, donde integró un grupo de aficionados, y comenzó a escribir poesía, que publicó en el diario local La Discusión.

 

Impulsada por Alone, se reorientó hacia la narrativa, dando lugar a la publicación de Montaña Adentro, su primera novela, en 1923, con la cual sorprendió al público y a la crítica.

 

Su floreciente carrera como novelista la trajo a Santiago en 1928, donde alternó su actividad literaria con el periodismo y una intensa vida social. Desarrollando temas del mundo campesino, su escritura se inscribió en la escuela narrativa "criollista", que describe paisajes y costumbres rurales, con un especial énfasis en la psicología interior de sus personajes.

 

Alternó lo anterior con la publicación de cuentos y crónicas en diarios capitalinos y sureños, y con la dirección editorial. En 1933 recibió -entre otros- el Premio Novela de la Sociedad de Escritores de Chile.

 

Con su nombramiento en 1933 y posterior confirmación como cónsul de profesión en 1943, Marta Brunet inició una larga carrera diplomática que la llevó a Buenos Aires hasta 1952, año en que fue relevada de su cargo por el Presidente Ibáñez. Retomó esta labor diez años después, cuando fue nombrada agregada cultural de la embajada chilena en Brasil y posteriormente en Uruguay. Alternó sus actividades oficiales con la colaboración en revistas y diarios argentinos, cubanos, peruanos y colombianos.

 

Durante este período, desarrolló una segunda etapa de su creación literaria, desplazando el escenario de sus personajes femeninos hacia el mundo urbano y la ciudad. Reloj de Sol (1930), Aguas Abajo (1943), El Mundo Mágico del Niño (1959) y Amasijo (1962) fueron algunos hitos de este recorrido.

 

Culminó su trayectoria literaria al recibir el Premio Nacional de Literatura en 1961, fue la segunda mujer en obtenerlo luego de Gabriela Mistral.

 

Falleció el 27 de octubre de 1967 en Uruguay, soltera y sin herederos.

 

ANITA LIZANA

Anita Lizana de Ellis nació el 19 de noviembre de 1915, fue una de las mejores exponentes femeninas en la historia del tenis mundial y la mejor chilena de todos los tiempos en este deporte. La llamaban cariñosamente “La ratita”, apodo que se ganó debido a su baja estatura, su cuerpo ágil y menudo, solo 1.59 metros que no fueron impedimento como para destacar dentro de una familia plagada de tenistas.

 

Su tío Aurelio le inculcó a Anita el tenis desde pequeña, a los 6 años ya dormía con raqueta, su talento y facilidad para el deporte la hicieron participar oficialmente en su primera competencia a los 11 años, torneo en el que le ganó a una experimentada de la época, María Salas. Aquel año 1926 el deporte se consideraba como Amateur.

 

Roberto (su padre), comenzó a administrar la cancha de los alemanes. Se fue quedando y quedando. Los alemanes le tomaron cariño y un día le regalaron una casita de cuidador donde nacieron todos. "De niños nos sentíamos más cómodos entre raquetas y pelotas que con muñecas o trenes de juguete". Comenta Anita en 1986, la única entrevista que un chileno le logró hacer en su hogar de Escocia.

 

La familia del cuidador Roberto Lizana estaba compuesta por su esposa y seis hijos: Clotilde, Loreto, Anita, Ricardo, Roberto y Juan. No le era fácil alimentarlos y mantenerlos con el sueldo de administrador del club, además de los pesos que recibía del Ministerio de Agricultura por cuidar sus terrenos.

 

El papá nos metía el estudio. No podíamos ser flojos. Tenía que criarnos derechitos, ya que éramos muy pobres y ésa era la única forma de surgir.

 

Anita era la más revoltosa. Pero eso no duró mucho. Adolescente, se puso seria. Y ni siquiera fue muy polola. No nos dejaban salir muy seguido.

 

Todos los hermanos se dedicaron al tenis, con la diferencia de que les daba por épocas, mientras que a Anita, le gustó como forma de vida. Jamás pensó hacer otra cosa, una fiel muestra de la fuerza y perseverancia que la llevó tan arriba, a ninguno de los hermanos le faltaban condiciones para el deporte, pero ella era superdotada.

 

Los fines de semana los pasaba esperando que se fueran los socios del club para irse a las canchas o a los jardines y hacer gimnasia. El resto de los días, regresaba corriendo de sus clases en el Liceo Nº 4 de Niñas, directo a practicar. Pasaba horas ejercitando las piernas y puliendo defectos de su juego, bajo la mirada de su padre y de su tío.

 

En 1930 resaltaría por primera vez el nombre de Anita, su inapelables condiciones para el deporte la hicieron coronarse campeona de Chile en la categoría adulta a los 13 años, condición que mantuvo durante 4 años hasta 1934.

 

En 1936 alcanzó su consagración definitiva, ganó varios torneos en Europa y alcanzó los cuartos de final de Wimbledon, hechos que la posicionaron en la octava posición del ranking mundial, época en que no había registro, sino que las escalas las hacían periodistas de revistas especializadas.

 

En 1937 vuelve a alcanzar los cuartos de final del pasto inglés, para que el 11 de septiembre de ese mismo año ganara el título de Forest Hill tras derrotar en la final a la polaca Jadwiga Jerdzejowska por 6-4 y 6-2, fue tan grande el esfuerzo que hizo la chilena, que al terminar el match cayó desmayada. Ahí estaba la imagen del deportista de 22 años con garra que lucha hasta el límite de sus fuerzas, en que tanto se reconoce el chileno. La polaca venía de jugar la final de Wimbledon (el otro torneo más importante de la época, después de Wimbledon) y estaba considerada entre las mejores del mundo. Forest Hill, hoy es conocido como el abierto de Estados Unidos, en aquel torneo la chilena se convertiría en la primera latinoamericana en ganar un Grand Slam, además no cedió ningún set en todos sus partidos y fue elegida como la nueva número 1 del tenis mundial al final de la temporada. Cuando el año terminaba la raquetera nacional viaja a Chile por unos días, en ese entonces fue recibida por el Presidente Arturo Alessandri Palma.

 

A lo largo de disputadas sus temporadas fue haciéndose espacio entre las mejores raqueteras del mundo, convirtiéndola en ese tipo de rivales a vencer en cada torneo, hecho que decayó en 1938, año en que “la ratita” contrae matrimonio con Ronald Ellis, un escocés que se dedicaba a jugar de vez en cuando al tenis, así la chilena dejó vorazmente el circuito internacional por unos años, radicándose en Dundee, la tercera ciudad más importante de Escocia. Aquí vivió durante muchos años con su esposo, a quien conoció en el año 1936 en un hotel de Peebles llamado Hidropathic, con el tuvo 3 hijas (Ruth, Carol y Carmen), era entonces el mejor barrio residencial de Dundee.

 

Solo en el año 1946 la chilena reaparece en Wimbledon, con algunos otros torneos extras que a pesar de su alejamiento de las canchas igual la mantuvieron dentro de las mejores, esto se comprueba cuando ese mismo año ganó torneos de relevancia, siendo los más destacados los 3 consecutivos que consiguió en Bournemouth, Inglaterra, además del campeonato escocés, torneo donde su esposo hacía de local y junto a Anita se llevaron este más cuatro torneos en la categoría mixtos, eso sumado a una serie de campeonatos en Europa. La chilena siguió compitiendo de forma local en Escocia, país en la que salió campeona nacional.

 

Ya entonces era campeona de Estados Unidos por Forest Hills y le restaba ganar Wimbledon para tocar el cielo con su raqueta. Pero para esta mujer nacida durante la primera guerra mundial llegaron los hijos y, junto con ellos, la segunda guerra. La guerra dio muerte a la tenista. Siguió – como pudo- practicando en Escocia, donde el tenis femenino era débil, y entonces debieron ser varones quienes la ayudaron a mantenerse en forma. Pero no resultó suficiente ayuda, y por eso hoy tiene todavía un sentimiento negativo que no oculta bien.

 

Seguramente sin la segunda guerra, yo habría ganado Wimbledon para Chile. Perdí en 1946 y desde entonces no he vuelto a competir, aseguró Lizana en 1986.

 

Aunque Anita Lizana es sin lugar a dudas la tenista más exitosa de Chile, nunca se dedicó a este deporte como profesional. Sus triunfos pasearon el nombre de Chile en las mejores canchas del mundo, dejando un legado de 17 campeonatos en singles, 2 campeonatos en dobles, 5 campeonatos dobles mixtos (junto a su esposo) y fue campeona nacional en Chile, Escocia y Suecia (ya casada y con 2 hijos), estos logros permitieron bautizar una parte del mítico Estadio Nacional con su nombre: Complejo Anita Lizana además de una calle con su nombre en el sector de Parte Alta en Coquimbo.

 

Jamás se hizo profesional. Al principio, porque era estudiante. Luego, el marido no se lo permitió. Como amateur, en todo caso, poseía un juego completísimo. Un periodista que estuvo cerca de ella en los comienzos, aseguraba que todos los tiros eran firmes. Sin embargo, el golpe excepcional lo constituía la pelota corta con efecto, que desubicaba al rival. Además, parecía incansable. La mejor prueba son sus partidos con los mejores varones de la época… Al segundo set los mandaba agotados a los camarines.

Muchos raquetazos y poco dinero. Por falta de medios ninguno de ellos la pudo ir a visitar a Escocia. En más de 40 años, vieron una sola vez a Anita, en 1966, cuando el gobierno de Frei padre la invitó.

 

La llamaron por teléfono en 1978 -al enviudar- para pedirle que volviera. Pero se negó, argumentando que en Gran Bretaña estaban sus hijas, sus nietos, todo lo principal.

 

Para los más jóvenes de la familia, como para muchos chilenos que no la conocieron, Anita es pura leyenda.

 

MARCELA PAZ

Su verdadero nombre era Esther Huneeus Salas y fue la creadora de Papelucho.

 

Conocida por todos los niños de Chile por su pseudónimo Marcela Paz, nació en Santiago en el año 1902, en el seno de una familia tradicional, conformada por Francisco Huneeus y María Teresa Salas Subercaseaux y sus 8 hijos. Acorde a las costumbres de las clases altas de esa época, no asistió al colegio ni al liceo, sino que recibió una formación particular, donde destacaban los idiomas, el piano, y la cultura europea en general, incluyendo viajes por numerosos países del Viejo Mundo.

 

Posteriormente, y durante un largo período que abarcó juventud y adultez, asistió esporádicamente a cursos dictados en la Escuela de Bellas Artes.

 

Esther Huneeus apareció con su pseudónimo Marcela Paz como colaboradora de El Diario Ilustrado, de la revista de masiva circulación para niños y jóvenes El Peneca, y posteriormente de Mampato, también dirigida al público infantil. En 1933 conquistó un destacado sitial como escritora gracias a la publicación de Tiempo, Papel y Lápiz, su primera novela. La crítica celebró su pluma fresca y humorística, y un fino manejo descriptivo del mundo psicológico.

 

Evidentemente su preocupación era el mundo infantil, lo que quedó de manifiesto en su libro Soy Colorina.

 

Cuando Marcela Paz envió Papelucho al concurso de cuentos convocado por la Editorial Rapa Nui, no imaginó que el diario de vida del pequeño Papelucho iba a tener tan buena acogida. Fue publicado en 1947, y permitió a su creadora saltar a la fama. Papelucho es un niño como cualquier otro, con accesos de malhumor y alegría, que se asoma al mundo adulto sin perder una gota de su curiosidad, ingenio y vitalidad.

 

A esta primera obra siguieron muchas otras, en que Papelucho fue sucesivamente huérfano, hippie, detective, historiador, misionero, enfermo por equivocación, hermano mayor, etcétera. Los diferentes libros sobre Papelucho han sido reeditados una y otra vez en Chile, y traducidos a muchos otros idiomas.

 

Según la propia autora, escribió las aventuras de Papelucho pensando en lo mucho que había sufrido de niña leyendo Oliver Twist, convencida de que a los niños hay que entretenerlos y educarlos, sin exponerlos a historias tan tristes.

 

Entre los numerosos aciertos de Marcela Paz se menciona también el libro de cuentos en versos llamado Muselina Pérez Soto, y la obra Perico Trepa por Chile, escrita en colaboración con Alicia Morel, otra destacada escritora infantil chilena. En reconocimiento de su amplia trayectoria, en 1982 se le concedió el Premio Nacional de Literatura. Este reconocimiento se sumó a una larga serie de distinciones literarias que la autora recibió a lo largo de toda su vida.

 

Otras de sus creaciones fueron La Pecosa, La Vuelta de Sebastián, Caramelos de Luz y A Pesar de mi Tía.

 

Marcela Paz falleció en Santiago el 11 de junio de 1985.

 

ISABEL ALLENDE

Isabel Allende Nació en 1943. Fue directora de la revista infantil Mampato y se hizo conocida a través de sus insuperables columnas en la Revista Paula (15 años) donde recreaba humorísticamente al hombre chileno, calificado por ella como "su troglodita"(Civilice a su troglodita).

 

Es periodista de profesión. Ha viajado por muchos países del orbe. Vive actualmente en Estados Unidos.

 

Isabel Allende esencialmente es novelista, allí es donde se manifiesta mejor su vena narrativa. En el comienzo de su carrera literaria incursionó en el teatro (tiene tres obras) y en el cuento infantil, pero su éxito se ha basado, específicamente, en la novela, donde a veces campea con éxito el realismo mágico de García Márquez, lo cual, si bien para algunos es un agravante en su creatividad, para el público, que la hizo su favorita, es un acierto.

 

De Isabel Allende queda mucho por escribir.

 

LUCÍA BAHAMONDE CARRILLO

Al comenzar este artículo, decía que todos somos marcados de una u otra forma en nuestra vida por alguna mujer, esta mujer es la que estampó en mi vida, una forma especial de ver las cosas.

 

Ella era mi tía. Una de mis tías. Sólo que ella era especial.

 

Una mujer de un metro cincuenta y poco, analfabeta, campesina; sin embargo más grande que muchas, con una sabiduría infinita y una gran capacidad para actuar en la ciudad como si siempre hubiese vivido en ella.

 

La “conocí”, creo que por 1961, cuando yo tenía unos ocho años. Por supuesto que en el campo, donde ella vivía, en el que sería el primero de miles de viaje a su casa, que algunos años fue en ese lugar, después fue en otro, y así hasta que definitivamente compraron un poco de tierra con mi tío, que sería el último lugar, donde vivirían hasta morir los dos.

 

Era una mujer excepcional. En la casa vendía de todo, si alguien quería sal, ella vendía sal; si alguien quería comprar ropa, ella tenía; y lo más importante, si alguien no tenía dinero, no era problema ya que podría pagar después. Y ella no olvidaba, pero no cobraba, y nunca nadie le quedó debiendo. Todo el mundo la llamaba de abuela Lucy, creo que en memoria de una mujer que se llamaba así, matriarca de una familia mapuche.

 

No recuerdo a nadie que le haya faltado el respeto, era querida y respetada; cuando recién llegados a la que sería su última casa, ellos no sembraban nada, por que mi tío continúo trabajando en aserraderos; sin embargo, las frutas y verduras de temporada sobraban. Lo que siempre me impresionó fue su memoria y su claridad mental, ella sabía exactamente quien había sembrado qué en cualquier lugar de los alrededores, cuando digo los alrededores estoy hablando de diez kilómetros a la redonda. Cuando se acababa el trigo para las aves, ella decía “vayan a comprar donde don Juan Muñoz, el tiene”. Y así era siempre. Es importante aclarar que mi tía no salía nunca de la casa. En los últimos veinte años de su vida, no creo que haya visitado a más de tres o cuatro familias. Pero, como todo el mundo conversaba con ella, (frente a su casa había un paradero del bus rural) sabía todo lo que acontecía.

 

Ella siempre estuvo dispuesta a tender una mano a todo el que necesitara, por supuesto que toda la familia incluida; y ella dirigía la casa, ella tomaba todas las decisiones importantes, y siempre vivió acompañada solamente de hombres; el marido, el cuñado, un sobrino, el suegro, un mapuche; todos respetándola y queriéndola. Yo también.

 

Estas no son todas;

Hay muchas más y en otros ámbitos de la vida chilena, he querido poner aquí las que recordé y las que sin duda son reconocidas no sólo en Chile, sino en el mundo.

 

GRACIAS A LA VIDA: VIOLETA PARRA

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GRACIAS A LA VIDA

Violeta Parra

Gracias a la vida que me ha dado tanto

Me dio dos luceros que cuando los abro

Perfecto distingo lo negro del blanco

Y en el alto cielo su fondo estrellado

Y en las multitudes al hombre que yo amo.

 

Gracias a la vida que me ha dado tanto

Me ha dado el oído que en todo su ancho

Graba noche y día grillos y canarios:

Martillos, turbinas, ladrillos, chubascos,

Y la voz tan tierna de mi bienamado.

 

Gracias a la vida que me ha dado tanto.

Me ha dado el sonido y el abecedario

Con él las palabras que pienso y declaro

Madre, amigo, hermano, y luz alumbrando

La ruta del alma del que estoy amando.

 

Gracias a la vida que me ha dado tanto

Me ha dado la marcha de mis pies cansados:

Con ellos anduve ciudades y charcos, 

Playas y desiertos, montañas y llanos

Y la casa tuya, tu calle, tu patio.

 

Gracias a la vida que me ha dado tanto

Me dio el corazón que agita su marco

Cuando miro el fruto del cerebro humano:

Cuando miro el bueno tan lejos del malo

Cuando miro el fondo de tus ojos claros.

 

Gracias a la vida que ha dado tanto

Me ha dado la risa y me ha dado el llanto,

Así yo distingo dicha de quebranto,

Los dos materiales que forman mi canto

Y el canto de ustedes que es el mismo canto

Y el canto de todos que es mi propio canto

Gracias a la vida que me ha dado tanto.

 

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