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CONJUGACIONES VERBALES

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Complete las frases conjugando los verbos entre paréntesis.

 

Lorena no (venir) __________ porque tenía que ir al dentista.

Gaudí (morir) __________ atropellado por un tranvía.

No (querer, ellas) __________ ayudarme las muy egoístas.

Hace veinte años, (querer, yo) __________ crear mi propio negocio, pero no funcionó.

Nos (decir, ellos) __________ un montón de cosas interesantes sobre la ciudad.

Mi padre (nacer) __________ en 1939.

Cuando el ayuntamiento (construir) __________ el edificio, no pensó que la autopista iba a pasar tan cerca.

Hace unos años (ir, nosotros) __________ de vacaciones a Viña del Mar.

No (querer, ella) __________ hacer el examen en junio porque había mucha materia.

(Tener, nosotros) __________ que volver a hacer todo el trabajo de nuevo.

CHISTE

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—¿En qué se parecen una casa ardiendo y una casa deshabitada?

 

En que en la casa ardiendo salen llamas y en la casa deshabitada llamas y no salen.

SIN PALABRAS…

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PORTEROS, ARQUEROS, METAS, CANCERBEROS… ¿ALGÚN SINÓNIMO MÁS?

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http://www.fundeu.es/recomendacion/porteros-arqueros-metas-cancerberos-cuidapanos-sinonimos/

clip_image002Reconozcámoslo: los porteros son bichos raros. Y no me refiero al colectivo encargado de vigilar quién entra en un edificio y saludar a sus vecinos y entregarles avisos o certificados, cartas recibidas en ausencia de estos. Hablo aquí, como podrá imaginarse, de los perros verdes del fútbol, los dueños del dorsal número uno, los mismos que con sus palomitas, reflejos y buena colocación impiden que el contrario marque.

Para empezar, son los únicos que pueden tocar el balón con la mano (con los guantes, en realidad); solo ellos visten con el color que les place, no sin frecuencia de tonos estridentes, y si los deportistas en general tienden a ser supersticiosos, lo de los guardametas con las manías es auténtico coleccionismo: desde dar el primer paso sobre el terreno del juego pisando siempre con el mismo pie, hasta no cambiar de indumentaria mientras se prolongue una racha de victorias; desde dejarse crecer la barba, hasta colgarse una medallita de amuleto o santiguarse cada dos por tres.

Y están solos.

Solos cuando una tanda de penaltis los enfrenta en una batalla desigual contra cinco fusileros. Y solos también cuando es su propio equipo el que marca y todos los compañeros se alejan para frenar la carrera jubilosa del goleador. Ellos, los arqueros, confinados al perímetro de su área, dan saltos fuera de cámara en un desierto de césped, cierran las manos en puño para apresar una alegría que sabe a chocolate enfriado y lluvia calándose en los zapatos; querrían compartir el abrazo al delantero, pero el balón vuelve al centro y su pecho sigue cabalgando suelto, latido sin redoble, llanero solitario.

¿Cómo no quererlos si en los eternos partidos de la infancia todos rehuíamos la portería, ese destino en trinchera, ese ostracismo sin pena cometida ni gloria en el horizonte? Aparecía entonces una mano alzada con timidez: “Yo soy Buyo”, “Yo Arconada” o, recordando al perro del Hades, “Nombradme a mí cancerbero”.

Y esa mano alzada era un tapón de champán descorchado, la espuma efervescente de cuantos nos habíamos asegurado una tarde de carreras y goles y paredes y regates, un paraíso picoteando en la palma de nuestra mano; ¡fuera temores!, otro ejercería de guardián de los tres palos. Claro que esto de los tres palos es un decir, por supuesto: ¡cuántas veces los postes no eran sino un montón informe de chaquetas y el larguero una línea imaginaria, un listón regulado a la altura del defensor del arco!

Y aunque no valiera “entrallonar”, siempre se escapaba algún disparo fuerte, obuses intimidantes, cañonazos a mala uva. Nosotros habríamos cerrado los ojos, quizá hasta nos habríamos apartado de su trayectoria, pero el atajador voluntario miraba la bala acercarse a su entrecejo sin perder la compostura; lejos de amilanarse, se plantaba firme sobre el suelo y despejaba de puños o blocaba el balón entre los brazos como mece un padre a un bebé nervioso que patalea y se revuelve y amenaza con escurrirse.

Si el mimo y el cuidado lo caracterizan, tal vez ese sea el motivo de llamarlos asimismo cuidapalos: “Además de su calidad bajo los tres tubos, el cuidapalos aprovechó para enseñar su gran juego con los pies”. La frase hace alusión a Keylor Navas y aparece en un periódico costarricense.

Y es que siempre era igual: ya se presentara un extranjero en el aula (y en los ochenta bastaba una mano para contar los de todo un colegio), ya se celebrase un Mundial con todos esos futbolistas internacionales de nombres novedosos, el resto de los niños repetía hasta el agotamiento aquellas denominaciones extrañas, llegadas desde otros campos, otras pampas: guardarredes, guardavalla(s), guardamalla(s), golero, dueño del pórtico… ¿de verdad lo llamaban así en su país?

De ese modo lo certifica nuestra comunidad de Twitter y Facebook —muchas gracias por seguirnos y responder a la encuesta sobre los sinónimos de portero—, y en efecto aún hoy los periódicos dan fe de tales usos: “Detuvo de milagro el guardarredes del Elche”, “Cristian Álvarez, el guardavallas argentino del Rayo, dudó”, “Una estirada inútil ante un tiro ajustado a la escuadra ante el que nada pudo hacer el guardamallas argentino”, “Víctor Sánchez se iba solo, pero el golero chileno ganó en el mano a mano” o “Daniel Aranzubia, un veinteañero con el corazón más vasco que su mismo apellido, es el futuro dueño del pórtico nacional”.

Bichos raros o perros verdes: son los porteros, seres misteriosos de natural solitario, aunque su aislamiento no alcance a comportar hurañía. Asumen con envidia domesticada su papel de personajes secundarios cuando llegan los faustos y los premios. Saben, por ejemplo, que será en otros estantes donde lucirán los trofeos, en otras sienes donde descansarán los laureles: Casillas no ganó el Balón de Oro tras frenar a Robben en el Mundial y difícilmente Neuer logrará arrebatarle el premio a Cristiano.

 

Pero ambos seguirán cuidando sus redes con el cariño de la araña que teje su propia malla.  No en vano, únicamente Lev Yashin recibió tal distinción. La Araña Negra tan solo. ¡Tan sola ella!

LA ORTOGRAFÍA: UN MAL NECESARIO PARA LA PRESERVACIÓN DEL CASTELLANO COMO LENGUA VEHICULAR DE COMUNICACIÓN

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JULIO CASAS DELGADO (EL CRISOL DE CIUDAD REAL.ES)

 

http://www.fundeu.es/noticia/la-ortografia-un-mal-necesario-para-la-preversacion-del-castellano-como-lengua-vehicular-de-comunicacion/

 

“Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revólver con revolver”. (Gabriel García Márquez, Zacatecas, 1997)

 

Con esta proverbial sentencia condenatoria de la ortografía castellana, se despachaba el Nobel de Literatura en el I Congreso Internacional de la Lengua Española, con sede en la ciudad mexicana de Zacatecas. Ante una concurrida audiencia de hispanistas y egregios de nuestro idioma, el carismático colombiano se lanzaba a una empresa de dimensiones inimaginables; la erradicación de las rigideces ortográficas que gobiernan la gramática de la Lengua Castellana.

 

Ante lo estrambótico de la propuesta y las dificultades que podría acarrear para un correcto aprendizaje normativo de las reglas ortográficas, esenciales para la adquisición básica de un idioma (sea cual sea su naturaleza), muchos fueron los que se apresuraron a desechar la propuesta cargando tintas sobre ella.

 

Como joven estudiante de Bachiller que era entonces y por la acusada propensión a la escritura que siempre he tenido, aún me vienen a la memoria los ecos del ulterior debate que todo aquello despertó tanto en círculos de la vida universitaria, como en los meros centros de enseñanza secundaria donde los profesores –con más o menos afán—, se desgañitaban en hacernos ver lo ridículo de la medida.

 

Hoy, con casi 20 años de perspectiva desde aquella curiosa efeméride e inmersos como estamos en un mundo donde la inmediatez cibernética y la afluencias que la Redes Sociales, incluidas ya en numerosos dispositivos móviles con conexión a Internet, han generado en las formas nuevas de comunicación —impensables hasta hace bien poco—, me hacen hoy como docente sin ejercicio, abrir aquel viejo pero necesario debate: ¿Es necesario jubilar la ortografía en aras de potenciar la fluidez de la comunicación interpersonal?.

 

LA GRAMÁTICA

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La gramática
es más perfecta
que la vida.

La ortografía
es más importante
que la política.

La suerte de un pueblo
depende del estado
de su gramática.

Autor: Fernando Pessoa

¿ESPAÑOL O CASTELLANO?

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clip_image002QUE APRENDER…

 

 

Para designar la lengua común de España y de las Repúblicas hispanoamericanas pueden emplearse los nombres de castellano y español. En muchas regiones se usan indistintamente las dos palabras. Sin embargo, en América y en algunas zonas de España se prefiere la denominación de castellano. Esto se debe, ante todo, a una larga tradición que estuvo apoyada hasta 1925 por la propia Academia Española (pero no olvidemos que el primer diccionario de nuestro idioma, el de Sebastián de Covarrubias, 1611, se titula Tesoro de la lengua castellana o española). En América se ha unido a ello tal vez un resto de recelo patriótico frente al nombre español, considerando acaso como una manera de sumisión a España, la antigua metrópoli, el reconocimiento explícito de que se sigue hablando su lengua. En las regiones de España con lengua materna propia.

 

Los hispanoamericanos deben recordar que los norteamericanos no se consideran “colonizados” por Inglaterra por decir que ellos hablan inglés. Los españoles deben recordar el uso universal: en cada país, normalmente, la lengua oficial, sea cual fuere la región del país en la que se haya nacido, ha tomado el nombre de toda la nación: en Rumanía, el rumano; en Alemania, el alemán; en Italia, el italiano; en Francia, el francés… En estos países existen (como en España) idiomas importantes que no son la lengua común o general.

 

El empleo del nombre castellano implica una inexactitud: la de suponer que la lengua general o común, no ya de toda España, sino de todas las naciones hispanoamericanas, es patrimonio de una sola región, Castilla. Y esto es falso, pues la lengua castellana hoy no es propiedad de Castilla, sino de todas las regiones y naciones en que es hablada, las cuales, además de tenerla como suya, colaboran todas en su conservación y enriquecimiento. Lo exacto sería emplear el nombre castellano solamente para designar la lengua que durante la Edad Media fue privativa del reino de Castilla, o las modalidades particulares que presenta el habla de Castilla en los tiempos modernos frente al español general al lado de las otras lenguas españolas (catalán, etc.).

 

d) En conclusión, las dos denominaciones, castellano y español son válidas. La preferencia de cada hablante por uno de los dos términos se funda en una tradición arraigada de siglos, y es ingenuo pretender desalojar del uso cualquiera de ellos. Cada persona puede emplear el que guste; pero debe respetar el derecho a que otros prefieran el otro.

 

[Manuel Seco: Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española. Madrid: Espasa Calpe, 1998, p. 202]

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