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CONVERSACIONES DE GRAMÁTICA

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clip_image001Papá…

¿Hummmm?

¿Cómo es el femenino de sexo?

¿Qué?

El femenino de sexo.

No tiene.

¿Sexo no tiene femenino?

No.

¿Sólo hay sexo masculino?

Sí. Es decir, no. Existen dos sexos. Masculino y femenino.

¿Y cómo es el femenino de sexo?

No tiene femenino. Sexo es siempre masculino.

Pero tú mismo dijiste que hay sexo masculino y femenino.

El sexo puede ser masculino o femenino. La palabra «sexo» es masculina. El sexo masculino, el sexo femenino.

¿No debería ser «la sexa»?

No.

¿Por qué no?

¡Porque no! Disculpa. Porque no. «Sexo» es siempre masculino.

¿El sexo de la mujer es masculino?

Sí. ¡No! El sexo de la mujer es femenino.

¿Y cómo es el femenino?

Sexo también. Igual al del hombre.

¿El sexo de la mujer es igual al del hombre?

Sí. Es decir Mira. Hay sexo masculino y femenino. ¿No es cierto?

Sí.

Son dos cosas diferentes.

Entonces, ¿cómo es el femenino de sexo?

Es igual al masculino.

¿Pero no son diferentes?

No. ¡O sí! Pero la palabra es la misma. Cambia el sexo, pero no cambia la palabra.

Pero entonces no cambia el sexo.

Es siempre masculino. La palabra es masculino.

No. La palabra es femenina.

Si fuera masculino seria “el pala…”

¡Basta! Anda a jugar.

El muchacho sale y la madre entra. El padre comenta:

Tenemos que vigilar al chiquillo.

¿Por qué? Sólo piensa en gramática.

ESTADOS UNIDOS, SEGUNDA NACIÓN HISPANOHABLANTE

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http://www.fundeu.es/noticia/estados-unidos-segunda-nacion-hispanohablante/

clip_image002Al finalizar este año, el número de hispanohablantes en los Estados Unidos de América rozará los 55 millones. Apabulla la cifra. Tras la apoteosis mexicana, la primera potencia del mundo se encarama en la plata del podio idiomático español, con todo lo que eso significa económicamente, políticamente y, sobre todo, culturalmente.

Entre los estadounidenses de habla inglesa que estudian idiomas, más del 80 % eligen el español. El francés, el italiano, el chino, el portugués, el alemán, el japonés caminan tras el idioma de Cervantes y Neruda a larga, larguísima distancia. Aún más: una estadística solvente anuncia que Estados Unidos será el primer país hispanohablante del mundo en el año 2050. No creo que México se deje arrebatar ese lugar de privilegio pero, en todo caso, habrá que convenir la fuerza del idioma castellano en la nación que rige el mundo, lo que se confirmará en la próxima elección del presidente que albergará la Casa Blanca.

Especial interés tiene el análisis de los idiomas que aprenden los estudiantes en todo el mundo. El inglés arrolla, pero, tras él, resulta que alemanes y suecos, japoneses y chinos, eligen el español como siguiente idioma. A pesar de la orfandad política de nuestra lengua, con la excepción de un Instituto Cervantes politizado y zarandeado por el nepotismo y el enchufismo del partido de turno en el poder, la realidad es que el español se abre camino gracias a la simiente que sembró España en las naciones iberoamericanas.

DESIERTO FLORIDO: CHILE

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¿Puede un desierto convertirse en un jardín de flores en apenas unas horas? En Chile sí. Se trata de un fenómeno climático llamado el Desierto Florido, que clip_image001 ocurre en el lugar más seco de mundo: el Desierto de Atacama, ubicado en el norte del país.

Esta maravilla natural ocurre en forma ocasional en años en que las precipitaciones exceden lo normal, principalmente entre julio y agosto. Pero los resultados aparecen unos meses más tardes, entre septiembre y noviembre, cuando ocurre una floración masiva de especies autóctonas que colorean las secas arenas de intensos tonos violetas, verdes y amarillos.

Este inmenso jardín se ha transformado en un destino turístico único en el mundo, por lo que numerosas agencias programan viajes para contemplar este fenómeno desde distintos puntos del norte chileno, como Vallenar, Copiapó, Caldera y La Serena.

Un inmenso jardín

clip_image002 Son más de 200 tipos de flores que decoran el árido paisaje de Atacama, donde destacan los lirios, suspiros, añañucas, cuernas de cabra y la garra de león. Es posible recorrer estos senderos desde lugares como Caleta de Hornos, Juan Soldado, Quebrada Honda o en la playa El Temblador, ubicados en las cercanías de La Serena, o Totoral Bajo, Carrizal Bajo, Huasco y Caleta Barco cerca de Vallenar.

 También se pueden observar variados tipos de aves, insectos y otros animales como la lagartija, el tuco tuco del tamarugal (un pequeño roedor) y el sapito de cuatro ojos. Esta biodiversidad en un lugar tan inhóspito inquietó al naturalista francés Claudio Gay, quien en 1831 viajó a Atacama para observar y estudiar esta rareza. Pero cuando llegó no pudo encontrar más que cactus y rocas, ya que en ese momento el país pasaba por una sequía y el desierto no floreció. El científico tuvo que esperar hasta el año 1840, cuando por fin el fenómeno se volvió a presentar en toda su majestuosidad.

Otras atracciones

Apclip_image003rovechando esta travesía por el desierto de Atacama, es recomendable visitar otro recurso escénico, la Reserva Nacional Los Flamencos, ubicada a 104 km. de Calama. Ahí también es posible ver parte del desierto florido. Además, este lugar destaca por contar con una fauna muy atractiva como el cóndor andina, la vizcacha, el zorro culpeo y la vicuña.clip_image006

En esta zona destacan los salares de Tara y Aguas Calientes, las lagunas Miscanti y Miñigues y el Valle de la Luna, sectores turísticos imperdibles de visitar. También resulta muy cautivante admirar la flora silvestre caminando por los senderos de esta reserva. Entre los más populares se encuentra el sendero La Luna, Valle de la Luna y del Salar de Tara.

¿Qué se puede hacer en estos lugares? Las actividades que más realizan los turistas en esta zona son la fotografía, el tracking y observación de la vida silvestre. Las únicas restricciones son el paso de vehículos motorizados y bicicletas, con el objetivo de conservar este maravilloso fenómeno.

OPINIÓN: El idioma Español en los Estados Unidos

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http://identidadlatina.com/opinion-el-idioma-espanol-en-los-estados-unidos/

El idioma Español en los Estados Unidos

clip_image002[4]Bien sabemos que el idioma Español es, en los Estados Unidos, el segundo lenguaje más utilizado después de inglés; de allí que es imposible pasar por alto una fecha tan importante como es el “Día del Idioma Español”. Esta efeméride cultural se celebra con diversas actividades culturales en casi todos los países de habla hispana el 23 de Abril, día en que falleció don Miguel de Cervantes Saavedra, creador de la trascendental y muy importante obra, no solo de la literatura española sino mundial, “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, obra que bien vale la pena recalcar, es uno de los libros más leídos de la historia.

Orígenes del idioma Español

Los orígenes del español o castellano se remontan a los tiempos del Imperio Romano, el cual al desmoronarse, dejó como herencia, a los pueblos que habían estado bajo su influencia política y cultural, su lenguaje, es decir el latín. Estos pueblos lo adaptan a sus necesidades, mejor, lo mezclan con los lenguajes que utilizaban, apareciendo de esa forma las lenguas romances.

El Castellano, nace en la antigua Castilla y rápidamente se extiende por toda la península ibérica, con excepción de Portugal, debido al prestigio que adquieren los reyes Católicos por haber arrojado a los árabes de su territorio y también porque bajo su reinado, Cristóbal Colón llegó al nuevo continente que poco después se llamaría América, dándole a España, no solo ingentes territorios, sino acrecentando su fortuna a lo inimaginable. El resto es historia conocida.

Expedicionarios llevan el español a los Estados Unidos

Llegados los conquistadores al nuevo mundo, la mayoría de ellos, encabezados por Hernán Cortez y Francisco Pizarro, participaron en la conquista, saqueo y posterior destrucción de los imperios azteca e Inca respectivamente, además de todo territorio que hollaron con sus pies. Sin embargo, algunos, porque llegaron tarde a la repartición de la torta o simplemente por espíritu de aventura y en busca de gloria realizaron expediciones a territorios de lo que ahora es Estados Unidos.

El primero fue Hernando de Soto, quien ya había participado en la conquista del imperio incaico en el actual Perú; este recorrió el sudoeste, lo que ahora es el estado de Florida y navegó por el río Mississippi ente los años de 1539 a 1542. Casi en la misma época, Francisco Vázquez de Coronado recorrió los actuales estados de Texas, Kansas, Nuevo México y Arizona. Lo hizo acompañado de alrededor de ochocientos hombres, con los cuales buscó infructuosamente las llamadas “Siete Ciudades de Cíbola”, en donde de acuerdo a sus fuentes y muy posiblemente llevado por la ambición, todo era de oro.

Por último, el explorador español Pedro Menéndez de Avilés fundó San Agustín en 1565, la ciudad de origen europeo más antigua de los Estados Unidos habitada en forma permanente.

Inmigrantes Hispanos hacen presencia en EEUU

A mediados del siglo XIX, los Estados Unidos tomó posición de casi mitad del territorio Mejicano, indudablemente sus habitantes hablaban el Español o Castellano. Posteriormente, la llegada de inmigrantes no solo Mejicanos, sino de los otros países Latinoamericanos, han hecho que la presencia idiomática del Español sea más notoria en este país; si a ello le agregamos el poder adquisitivo que ese segmento de población genera, será más fácil entender su importancia, algo que dicho sea de paso no se solucionará con la deportación de millones de ellos, como sugiere algún despistado.

Estadísticas a tener en cuenta

Ahora bien, de acuerdo al Pew Research Center, poco más del 60% de Hispanos en los Estados Unidos es bilingüe o tiene al Inglés como primera lengua, de ellos el 40% domina el Español. El 60% de los hispanos nacidos fuera dominan el español, mientras que, de los nacidos aquí solo 8% lo dominan. De la tercera generación solo el 1% lo usa como primera lengua y un 77% no lo habla en absoluto.

Jens Krogstad, editor de Pew Hispanic y coautor del estudio al que hacemos referencia dice al respecto “cuanto más tiempo pasa una familia en los Estados Unidos, más tiende en producir hispanos anglófonos”. El mismo Krogstad asegura que la proporción de hispanos que habla inglés en el hogar pasará del 26% al 34% para el 2020. Sin dejar de mencionar que en el medio está el “Spanglish”, utilizado por 7 de cada 10 Hispanos de entre 15 y 26 años de edad.

Población Hispana, la primera minoría

La población hispana de los Estados Unidos es conocida también como la mayoría de las minorías, la conforman casi 54 millones. Indudablemente que esa cantidad de población no puede pasar desapercibida por los medios de comunicación. Allí están Univisión, Telemundo, por mencionar los más importantes, y otras más pequeñas en las ciudades donde hay considerable población hispana, además emisoras radiales hay por centenares; igual con los medios impresos. IDENTIDAD LATINA, periódico que usted está leyendo en estos momentos es la prueba más factible de lo que sostengo en este artículo.

El estudio del español en los Colegios

Otro aspecto importante de la influencia del español en este país, es la cantidad de estudiantes que lo estudian en la escuela secundaria. En la actualidad es el idioma más estudiado con poco más de cinco millones de estudiantes, frente al millón y medio que estudian francés y poco menos de trescientos cincuenta mil que estudian el idioma de Goethe, es decir el Alemán.

Por otro lado, es interesante darle una mirada más de cerca al número de estudiantes de español. Veamos, tres millones llevan Español en el primer año, millón y medio lo hacen en el segundo y poco más de setecientos mil continúan estudiándolo por tres y cuatro años; además continúan y estudian español V, si empezaron a estudiarlo en la escuela intermedia.

Como se puede apreciar, la importancia e influencia cultural del idioma que ha dado doce premios Nobel en Literatura, seis españoles y seis Latinoamericanos, no se puede soslayar, tampoco sobredimensionar, simplemente hagamos lo que hicieron nuestros padres, enseñémoslo a nuestros hijos. El magnífico “Manco de Lepanto” (Miguel de Cervantes Saavedra) sonreirá en su tumba.

Armando Zarazú

azarazu@aol.com

Identidad Latina

NUEVAS PALABRAS EN EL DRAE

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La 23.ª edición del Diccionario de la Real Academia Española ha incorporado 5000 nuevas palabras a su repertorio, sin embargo, solamente una pequeña cifra ha causado revuelo y una retahíla de críticas, bromas y comentarios.

Amigovio: (Fusión de amigo y novio) m. y f. coloquial Argentina, México, Paraguay y Uruguay. Persona que mantiene con otra una relación de menor compromiso formal que un noviazgo.

Papichulo. m. México, República Dominicana, Puerto Rico, Bolivia, Paraguay. Hombre que, por su atractivo físico, es objeto de deseo de una mujer.

Cagaprisas. m. y f. malson. Coloquial. Persona impaciente, que siempre tiene prisa.

Tuit. m. Acción y efecto de tuitear.

Tuitear. intr. 1. Comunicarse por medio de tuits. tr. 2. Enviar algo por medio de un tuit.

Tuitero, ra. adj. 1. Perteneciente o relativo al tuit o al tuiteo. m. y f. 2. Persona que tuitea.

 

                                          

CANCIÓN DE OTOÑO EN PRIMAVERA

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Rubén Darío

 

Juventud, divino tesoro,

¡ya te vas para no volver!

Cuando quiero llorar, no lloro…

y a veces lloro sin querer…

 

Plural ha sido la celeste

historia de mi corazón.

Era una dulce niña, en este

mundo de duelo y de aflicción.

 

Miraba como el alba pura;

sonreía como una flor.

Era su cabellera obscura

hecha de noche y de dolor.

 

Yo era tímido como un niño.

Ella, naturalmente, fue,

para mi amor hecho de armiño,

Herodías y Salomé…

 

Juventud, divino tesoro,

¡ya te vas para no volver!

Cuando quiero llorar, no lloro…

y a veces lloro sin querer…

 

Y más consoladora y más

halagadora y expresiva,

la otra fue más sensitiva

cual no pensé encontrar jamás.

 

Pues a su continua ternura

una pasión violenta unía.

En un peplo de gasa pura

una bacante se envolvía…

 

En sus brazos tomó mi ensueño

y lo arrulló como a un bebé…

Y te mató, triste y pequeño,

falto de luz, falto de fe…

 

Juventud, divino tesoro,

¡te fuiste para no volver!

Cuando quiero llorar, no lloro…

y a veces lloro sin querer…

 

Otra juzgó que era mi boca

el estuche de su pasión;

y que me roería, loca,

con sus dientes el corazón.

 

Poniendo en un amor de exceso

la mira de su voluntad,

mientras eran abrazo y beso

síntesis de la eternidad;

 

y de nuestra carne ligera

imaginar siempre un Edén,

sin pensar que la Primavera

y la carne acaban también…

 

Juventud, divino tesoro,

¡ya te vas para no volver!

Cuando quiero llorar, no lloro…

y a veces lloro sin querer.

 

¡Y las demás! En tantos climas,

en tantas tierras siempre son,

si no pretextos de mis rimas

fantasmas de mi corazón.

 

En vano busqué a la princesa

que estaba triste de esperar.

La vida es dura. Amarga y pesa.

¡Ya no hay princesa que cantar!

 

Mas a pesar del tiempo terco,

mi sed de amor no tiene fin;

con el cabello gris, me acerco

a los rosales del jardín…

 

Juventud, divino tesoro,

¡ya te vas para no volver!

Cuando quiero llorar, no lloro…

y a veces lloro sin querer…

¡Mas es mía el Alba de oro!

INFORMACIÓN POR FAVOR

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Este texto recuerdo haberlo leído en Selecciones Readers Digest al que mi familia estaba abonada cuando era pequeña… Lloré de pequeña y he llorado ahora al reencontrarlo en la red… Espero que te guste

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Cuando yo era niño, mi padre tenía uno de los primeros teléfonos de nuestro vecindario. Recuerdo bien la vieja caja pulida clavada a la pared y el brillante auricular colgado en el lateral de la caja. Yo era demasiado pequeño para alcanzar el teléfono, pero solía escuchar con fascinación cuando mi madre hablaba por él.

 

Entonces descubrí que en alguna parte dentro de ese maravilloso dispositivo, vivía una extraña persona – su nombre era "Información Por Favor" y no había nada que ella no supiese. "Información Por Favor" podía proporcionarte el nombre de cualquiera y la hora exacta.

 

Mi primera experiencia personal con este "genio de la lámpara" llegó un día mientras mi madre visitaba a un vecino. Divirtiéndome con el banco de herramientas del sótano, me aplasté el dedo con un martillo. El dolor era terrible, pero allí no parecía haber ninguna razón para llorar porque en casa no había nadie que me pudiese consolar. Caminé de un lado a otro por la casa chupando mi dedo palpitante y finalmente llegué a la escalera.

 

¡El teléfono! Rápidamente corrí a por el taburete en el recibidor y lo arrastré hasta el rellano de la escalera. Subiéndome a él, descolgué el receptor y lo mantuve junto a mi oreja. "Información Por Favor", dije al micrófono justo sobre mi cabeza. Un clic o dos y una vocecita clara habló en mi oído.

 

"Información." "Me he lastimado el dedo…" gemí al teléfono. Las lágrimas llegaron sin demasiado esfuerzo ahora que tenía audiencia.

 

"¿No está tu madre en casa?" preguntó. "Nadie más que yo está en casa". Sollocé. "¿Estás sangrando?" "No," repliqué. "Me he golpeado el dedo con el martillo y me duele." "¿Puedes abrir la nevera?" preguntó. Dije que podía. "Entonces corta un trocito de hielo y mantenlo junto a tu dedo," dijo la voz.

 

Después de aquello, llamaba a "Información Por Favor" para cualquier cosa. La llamé para que me ayudara con la geografía y me dijo dónde estaba Filadelfia. Me ayudo con las matemáticas. Me dijo que mi ardilla, que había cogido en el parque justo el día de antes, comería frutas y nueces.

 

Por aquel entonces, Petey, nuestro canario, murió. Llamé a "Información Por Favor" y le conté la triste historia. Ella escuchó y después dijo lo que usualmente los adultos dicen para consolar a un niño. Pero yo estaba desconsolado. Le pregunté, "¿Por qué los pájaros pueden cantar tan bellamente y llevar alegría a todas las familias, solo para acabar como un montón de plumas en el fondo de la jaula?" Ella debió sentir mi profunda inquietud, porque dijo sencillamente, "Paúl, recuerda siempre que hay otros mundos donde cantar."

 

De alguna forma me sentí mejor. Otro día estaba en el teléfono. "Información Por Favor". "Información," dijo la, ahora familiar, voz. "¿Cómo se deletrea aprieto?" pregunté.

 

Y todo ello tuvo lugar en un pequeño pueblo en el Noroeste de la costa del Pacífico.

 

Cuando tenía 9 años me mudé a través del país a Boston. Eché mucho de menos a mi amiga. "Información Por Favor" pertenecía a aquella vieja caja de madera allá en casa, y de ningún modo pensé intentarlo con el increíble y brillante nuevo teléfono situado en la mesa en el recibidor. Cuando llegué a la adolescencia, las memorias de aquellas conversaciones infantiles, en realidad nunca me abandonaron. A menudo, en momentos de duda y confusión, podía apelar a una serena seguridad y la tenía. Apreciaba ahora cuan paciente, compresiva y amable era ella para haber gastado su tiempo en un niño pequeño.

 

Unos pocos años más tarde, en mi ruta hacia el oeste hacia la universidad, mi avión aterrizó en Seattle. Tenía algo así como media hora entre avión y avión. Pasé alrededor de 15 minutos al teléfono con mi hermana que entonces vivía allí. Entonces, sin pensar en lo que estaba haciendo, marqué la operadora de mi pueblo natal y dije, "Información Por Favor".

 

Milagrosamente, oí la menuda y clara voz que conocía tan bien, "Información".

 

No lo había planeado, pero me oí a mí mismo diciendo, "¿Puede decirme cómo se deletrea aprieto?" Hubo una larga pausa. Entonces vino la respuesta en voz baja, "supongo que tu dedo ya debe estar curado." Reí. "Así que realmente eres tú aún," dije. "Me pregunto si tienes idea de cuánto significaste para mí en aquel tiempo." "Me pregunto," dijo ella, "si sabes lo mucho que tus llamadas significaban para mí. Nunca he tenido hijos y solía esperar tus llamadas." Le dije cuan a menudo había pensado en ella a lo largo de los años y le pregunté si podía llamarla de nuevo cuando volviera a visitar a mi hermana. "Por favor, hazlo," dijo. "Pregunta por Sally."

 

Tres meses después estaba de vuelta en Seattle. Una voz diferente contestó, "Información." Pregunté por Sally. "¿Es usted un amigo?" dijo ella. "Sí, un muy antiguo amigo," respondí. "Siento tener que decirle esto," dijo. "Sally había estado trabajando a tiempo parcial los últimos años porque estaba enferma. Murió hace cinco semanas." Antes de que pudiera colgar dijo, "Espere un momento. ¿Dijo que su nombre era Paúl?" "Sí." "Bien, Sally dejó un mensaje para usted. Lo anotó por si usted llamaba. Déjeme leérselo."

 

La nota decía, "Dile que aún digo que hay otros mundos donde cantar. Él sabrá lo que quiero decir."

 

Le di las gracias y colgué. Sabía lo que Sally quería decir.

LENGUAJE SEXISTA

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Sin duda, este será siempre un tema de actualidad; no obstante, el común de los hablantes, hombres y mujeres, sea indiferente o sienta indiferencia hacia él, por desconocimiento o por no sentirse afectado.

Resultado de imagen para hombre mujerLenguaje sexista son los rasgos relacionados con los prejuicios culturales relacionados con la identidad sexual, frecuentemente asociados al machismo, al rechazo a las mujeres o a los hombres, o desprecio real o aparente de los valores femeninos o masculinos.

El lenguaje sexista se refiere a la discriminación de personas, que se manifiesta en el uso del lenguaje, de un sexo por considerarlo inferior a otro. Esto se da en dos sentidos: por un lado, en lo que concierne a la identidad sexual de quien habla y por otro en lo que se refiere al tratamiento discriminatorio que sufren las mujeres en el discurso ya sea por el término utilizado o por la manera de construir la frase.

En idiomas como el español el género gramatical tiene por forma no marcada el masculino de los sustantivos y adjetivos, de forma que pasa a ser el género masculino el inclusivo o incluyente frente al femenino marcado, que pasa a ser el género exclusivo o excluyente: "Los alumnos de esta clase" incluye a hombres y mujeres, pero "las alumnas de esta clase" excluye a los varones.

En primer lugar veamos lo que dice la Real Academia de la Lengua, en el Diccionario Panhispánico de Dudas, sobre género, que no es sobre sexo.

GÉNERO

Diccionario panhispánico de dudas de la Real Academia de la Lengua Española

1. Los sustantivos en español pueden ser masculinos o femeninos. Cuando el sustantivo designa seres animados, lo más habitual es que exista una forma específica para cada uno de los dos géneros gramaticales, en correspondencia con la distinción biológica de sexos, bien por el uso de desinencias o sufijos distintivos de género añadidos a una misma raíz, como ocurre en gato/gata, profesor/profesora, nene/nena, conde/condesa, zar/zarina; bien por el uso de palabras de distinta raíz según el sexo del referente (heteronimia), como ocurre en hombre/mujer, caballo/yegua, yerno/nuera; no obstante, son muchos los casos en que existe una forma única, válida para referirse a seres de uno u otro sexo: es el caso de los llamados «sustantivos comunes en cuanto al género» ( a) y de los llamados «sustantivos epicenos» ( b). Si el referente del sustantivo es inanimado, lo normal es que sea solo masculino (cuadro, césped, día) o solo femenino (mesa, pared, libido), aunque existe un grupo de sustantivos que poseen ambos géneros, los denominados tradicionalmente «sustantivos ambiguos en cuanto al género» ( c).

a) Sustantivos comunes en cuanto al género. Son los que, designando seres animados, tienen una sola forma, la misma para los dos géneros gramaticales. En cada enunciado concreto, el género del sustantivo, que se corresponde con el sexo del referente, lo señalan los determinantes y adjetivos con variación genérica: el/la pianista; ese/esa psiquiatra; un buen/una buena profesional. Los sustantivos comunes se comportan, en este sentido, de forma análoga a los adjetivos de una sola terminación, como feliz, dócil, confortable, etc., que se aplican, sin cambiar de forma, a sustantivos tanto masculinos como femeninos: un padre/una madre feliz, un perro/una perra dócil, un sillón/una silla confortable.

b) Sustantivos epicenos. Son los que, designando seres animados, tienen una forma única, a la que corresponde un solo género gramatical, para referirse, indistintamente, a individuos de uno u otro sexo. En este caso, el género gramatical es independiente del sexo del referente. Hay epicenos masculinos (personaje, vástago, tiburón, lince) y epicenos femeninos (persona, víctima, hormiga, perdiz). La concordancia debe establecerse siempre en función del género gramatical del sustantivo epiceno, y no en función del sexo del referente; así, debe decirse: La víctima, un hombre joven, fue trasladada al hospital más cercano, y no La víctima, un hombre joven, fue trasladado al hospital más cercano. En el caso de los epicenos de animal, se añade la especificación macho o hembra cuando se desea hacer explícito el sexo del referente: «La orca macho permanece cerca de la rompiente […], zarandeada por las aguas de color verdoso» (Bojorge Aventura [Arg. 1992]).

c) Sustantivos ambiguos en cuanto al género. Son los que, designando normalmente seres inanimados, admiten su uso en uno u otro género, sin que ello implique cambios de significado: el/la armazón, el/la dracma, el/la mar, el/la vodka. Normalmente la elección de uno u otro género va asociada a diferencias de registro o de nivel de lengua, o tiene que ver con preferencias dialectales, sectoriales o personales. No deben confundirse los sustantivos ambiguos en cuanto al género con los casos en que el empleo de una misma palabra en masculino o en femenino implica cambios de significado: el cólera (‘enfermedad’) o la cólera (‘ira’); el editorial (‘artículo de fondo no firmado’) o la editorial (‘casa editora’). De entre los sustantivos ambiguos, tan solo ánade y cobaya designan seres animados.

2. Uso del masculino en referencia a seres de ambos sexos

2.1. En los sustantivos que designan seres animados, el masculino gramatical no solo se emplea para referirse a los individuos de sexo masculino, sino también para designar la clase, esto es, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos: El hombre es el único animal racional; El gato es un buen animal de compañía. Consecuentemente, los nombres apelativos masculinos, cuando se emplean en plural, pueden incluir en su designación a seres de uno y otro sexo: Los hombres prehistóricos se vestían con pieles de animales; En mi barrio hay muchos gatos (de la referencia no quedan excluidas ni las mujeres prehistóricas ni las gatas). Así, con la expresión los alumnos podemos referirnos a un colectivo formado exclusivamente por alumnos varones, pero también a un colectivo mixto, formado por chicos y chicas. A pesar de ello, en los últimos tiempos, por razones de corrección política, que no de corrección lingüística, se está extendiendo la costumbre de hacer explícita en estos casos la alusión a ambos sexos: “Decidió luchar ella, y ayudar a sus compañeros y compañeras” (Excélsior [Méx.] 5.9.96). Se olvida que en la lengua está prevista la posibilidad de referirse a colectivos mixtos a través del género gramatical masculino, posibilidad en la que no debe verse intención discriminatoria alguna, sino la aplicación de la ley lingüística de la economía expresiva; así pues, en el ejemplo citado pudo —y debió— decirse, simplemente, ayudar a sus compañeros. Solo cuando la oposición de sexos es un factor relevante en el contexto, es necesaria la presencia explícita de ambos géneros: La proporción de alumnos y alumnas en las aulas se ha ido invirtiendo progresivamente; En las actividades deportivas deberán participar por igual alumnos y alumnas. Por otra parte, el afán por evitar esa supuesta discriminación lingüística, unido al deseo de mitigar la pesadez en la expresión provocada por tales repeticiones, ha suscitado la creación de soluciones artificiosas que contravienen las normas de la gramática: las y los ciudadanos.

2.2. Para evitar las engorrosas repeticiones a que da lugar la reciente e innecesaria costumbre de hacer siempre explícita la alusión a los dos sexos (los niños y las niñas, los ciudadanos y ciudadanas, etc.; 2.1), ha comenzado a usarse en carteles y circulares el símbolo de la arroba (@) como recurso gráfico para integrar en una sola palabra las formas masculina y femenina del sustantivo, ya que este signo parece incluir en su trazo las vocales a y o: l@s niñ@s. Debe tenerse en cuenta que la arroba no es un signo lingüístico y, por ello, su uso en estos casos es inadmisible desde el punto de vista normativo; a esto se añade la imposibilidad de aplicar esta fórmula integradora en muchos casos sin dar lugar a graves inconsistencias, como ocurre en Día del niñ@, donde la contracción del solo es válida para el masculino niño.

3. Formación del femenino en profesiones, cargos, títulos o actividades humanas. Aunque en el modo de marcar el género femenino en los sustantivos que designan profesiones, cargos, títulos o actividades influyen tanto cuestiones puramente formales —la etimología, la terminación del masculino, etc. — como condicionamientos de tipo histórico y sociocultural, en especial el hecho de que se trate o no de profesiones o cargos desempeñados tradicionalmente por mujeres, se pueden establecer las siguientes normas, atendiendo únicamente a criterios morfológicos:

a) Aquellos cuya forma masculina acaba en -o forman normalmente el femenino sustituyendo esta vocal por una -a: bombero/bombera, médico/médica, ministro/ministra, ginecólogo/ginecóloga. Hay excepciones, como piloto, modelo o testigo, que funcionan como comunes: el/la piloto, el/la modelo, el/la testigo (no debe considerarse una excepción el sustantivo reo, cuyo femenino etimológico y aún vigente en el uso es rea, aunque funcione asimismo como común: la reo). También funcionan normalmente como comunes los que proceden de acortamientos: el/la fisio, el/la otorrino. En algún caso, el femenino presenta la terminación culta -isa (del lat. -issa), por provenir directamente del femenino latino formado con este sufijo: diácono/diaconisa; y excepcionalmente hay voces que tienen dos femeninos, uno en -a y otro con la terminación -esa (variante castellana de -isa): diablo, fem. diabla o diablesa; vampiro, fem. vampira o vampiresa.

b) Los que acaban en -a funcionan en su inmensa mayoría como comunes: el/la atleta, el/la cineasta, el/la guía, el/la logopeda, el/la terapeuta, el/la pediatra. En algunos casos, por razones etimológicas, el femenino presenta la terminación culta -isa: profetisa, papisa. En el caso de poeta, existen ambas posibilidades: la poeta/poetisa. También tiene dos femeninos la voz guarda, aunque con matices significativos diversos ( guarda): la guarda/guardesa. Son asimismo comunes en cuanto al género los sustantivos formados con el sufijo -ista: el/la ascensorista, el/la electricista, el/la taxista. Es excepcional el caso de modista, que a partir del masculino normal el modista ha generado el masculino regresivo modisto.

c) Los que acaban en -e tienden a funcionar como comunes, en consonancia con los adjetivos con esta misma terminación, que suelen tener una única forma (afable, alegre, pobre, inmune, etc.): el/la amanuense, el/la cicerone, el/la conserje, el/la orfebre, el/la pinche. Algunos tienen formas femeninas específicas a través de los sufijos -esa, -isa o -ina: alcalde/alcaldesa, conde/condesa, duque/duquesa, héroe/heroína, sacerdote/sacerdotisa (aunque sacerdote también se usa como común: la sacerdote). En unos pocos casos se han generado femeninos en -a, como en jefe/jefa, sastre/sastra, cacique/cacica.

Dentro de este grupo están también los sustantivos terminados en -ante o -ente, procedentes en gran parte de participios de presente latinos, y que funcionan en su gran mayoría como comunes, en consonancia con la forma única de los adjetivos con estas mismas terminaciones (complaciente, inteligente, pedante, etc.): el/la agente, el/la conferenciante, el/la dibujante, el/la estudiante. No obstante, en algunos casos se han generalizado en el uso, femeninos en -a, como clienta, dependienta o presidenta. A veces se usan ambas formas, con matices significativos diversos: la gobernante (‘mujer que dirige un país’) o la gobernanta (en una casa, un hotel o una institución, ‘mujer que tiene a su cargo el personal de servicio’).

d) Los pocos que terminan en -i o en -u funcionan también como comunes: el/la maniquí, el/la saltimbanqui, el/la gurú.

e) En cuanto a los terminados en -y, el femenino de rey es reina, mientras que los que toman modernamente esta terminación funcionan como comunes: el/la yóquey.

f) Los que acaban en -or forman el femenino añadiendo una -a: compositor/compositora, escritor/escritora, profesor/profesora, gobernador/gobernadora. En algunos casos, el femenino presenta la terminación culta -triz (del lat. -trix, -tricis), por provenir directamente de femeninos latinos formados con este sufijo: actor/actriz, emperador/emperatriz.

g) Los que acaban en -ar o -er, así como los pocos que acaban en -ir o -ur, funcionan hoy normalmente como comunes, aunque en algunos casos existen también femeninos en -esa o en -a: el/la auxiliar, el/la militar, el/la escolar (pero el juglar/la juglaresa), el/la líder (raro lideresa), el/la chofer o el/la chófer (raro choferesa), el/la ujier, el/la sumiller, el/la bachiller (raro hoy bachillera), el/la mercader (raro hoy mercadera), el/la faquir, el/la augur.

h) Los agudos acabados en -n y en -s forman normalmente el femenino añadiendo una -a: guardián/guardiana, bailarín/bailarina, anfitrión/anfitriona, guardés/guardesa, marqués/marquesa, dios/ diosa. Se exceptúan barón e histrión, cuyos femeninos se forman a través de los sufijos -esa e -isa, respectivamente: baronesa, histrionisa. También se apartan de esta regla la palabra rehén, que funciona como epiceno masculino (el rehén) o como común (el/la rehén), y la voz edecán, que es común en cuanto al género (el/la edecán; edecán). Por su parte, las palabras llanas con esta terminación funcionan como comunes: el/la barman.

i) Los que acaban en -l o -z tienden a funcionar como comunes: el/la cónsul, el/la corresponsal, el/la timonel, el/la capataz, el/la juez, el/la portavoz, en consonancia con los adjetivos terminados en estas mismas consonantes, que tienen, salvo poquísimas excepciones, una única forma, válida tanto para el masculino como para el femenino: dócil, brutal, soez, feliz (no existen las formas femeninas *dócila, *brutala, *soeza, *feliza). No obstante, algunos de estos sustantivos han desarrollado con cierto éxito un femenino en -a, como es el caso de juez/jueza, aprendiz/aprendiza, concejal/concejala o bedel/bedela.

j) Los terminados en consonantes distintas de las señaladas en los párrafos anteriores funcionan como comunes: el/la chef, el/la médium, el/la pívot. Se exceptúa la voz abad, cuyo femenino es abadesa. Es especial el caso de huésped, pues aunque hoy se prefiere su uso como común (el/la huésped), su femenino tradicional es huéspeda.

k) Independientemente de su terminación, funcionan como comunes los nombres que designan grados de la escala militar: el/la cabo, el/la brigada, el/la teniente, el/la brigadier, el/la capitán, el/la coronel, el/la alférez; los sustantivos que designan por el instrumento al músico que lo toca: el/la batería, el/la corneta, el/la contrabajo; y los sustantivos compuestos que designan persona: el/la mandamás, el/la sobrecargo, un/una cazatalentos, un/una sabelotodo, un/una correveidile.

l) Cuando el nombre de una profesión o cargo está formado por un sustantivo y un adjetivo, ambos elementos deben ir en masculino o femenino dependiendo del sexo del referente; por tanto, debe decirse la primera ministra, una intérprete jurada, una detective privada, etc., y no la primera ministro, una intérprete jurado, una detective privado, etc.: «Me llamo Patricia Delamo y soy detective privada» (Beccaria Luna [Esp. 2001]).

4. Género de los nombres de países y ciudades. En la asignación de género a los nombres propios de países y ciudades influye sobre todo la terminación, aunque son muy frecuentes las vacilaciones. En general puede decirse que los nombres de países que terminan en -a átona concuerdan en femenino con los determinantes y adjetivos que los acompañan: «Serán los protagonistas de la Colombia del próximo siglo» (Tiempo [Col.] 2.1.90); «Hizo que la vieja España pensara sobre sus colonias» (Salvador Ecuador [Ec. 1994]); mientras que los que terminan en -a tónica o en otra vocal, así como los terminados en consonante, suelen concordar en masculino: «Para que […] construyan juntos el Panamá del futuro» (Siglo [Pan.] 15.5.97); «El México de hoy ya no es el México de hace tres años» (Proceso [Méx.] 19.1.97); «La participación de Rusia en el Iraq que resultará de la guerra dependerá de si adopta una “postura constructiva” en la ONU» (Razón [Esp.] 9.4.03). En lo que respecta a las ciudades, las que terminan en -a suelen concordar en femenino: «Hallado un tercer foro imperial en la Córdoba romana» (Vanguardia [Esp.] 10.3.94); mientras que las que terminan en otra vocal o en consonante suelen concordar en masculino, aunque en todos los casos casi siempre es posible la concordancia en femenino, por influjo del género del sustantivo ciudad: «Puso como ejemplo de convivencia cultural y religiosa el Toledo medieval» (Vanguardia [Esp.] 16.10.95); «Ya vuela […] sobre la Toledo misteriosa» (Reyes Letras [Méx. 1946]); «El Buenos Aires caótico de frenéticos muñecos con cuerda» (Sábato Héroes [Arg. 1961]); «Misteriosa Buenos Aires» (Mujica Buenos Aires [Arg. 1985] tít.). Con el cuantificador todo antepuesto, la alternancia de género se da con todos los nombres de ciudades, independientemente de su terminación: «—¿Lo sabías tú? —Bueno, Javier, lo sabe todo Barcelona» (Mendoza Verdad [Esp. 1975]); «Por toda Barcelona corre un rumor de llanto y de promesa» (Semprún Autobiografía [Esp. 1977]). La expresión masculina «el todo + nombre de ciudad» se ha lexicalizado en países como México y España con el sentido de ‘élite social de una ciudad’: «Su pequeño bar es el lugar donde se reúne “el todo Barcelona”» (Domingo Sabor [Esp. 1992]).

El filósofo Álvaro Zamora cree advertir inconsistencias ideológicas en la posición feminista. Por ejemplo, la que se produce al confundir el género gramatical con el sexo (además, la noción de género utilizada por la ideología feminista constituye un absurdo conceptual: en el ser humano, el género es Homo, la especie sapiens, los sexos masculino y femenino). Además, si el idioma español fuera -en sí y por sí- sexista, no habría términos universales con valores positivos de género femenino, como la verdad, la divinidad, la bondad e incluso la masculinidad, y muchos otros. Los factores (históricos, estructurales, de uso, etc.) trascienden en complejidad al machismo argüido por las feministas. El propósito que señala Zamora es político: se acentúa el sexismo lingüístico como parte de una estrategia para obtener cuotas de poder. Pese a la intención de presentar el idioma como instrumento del machismo social, el uso genérico del masculino gramatical remite a la economía y simplificación lingüística, no a la opresión sexual. Se trata de lograr la máxima comunicación con el menor esfuerzo posible. No excluimos a las mujeres ni a las gatas cuando decimos:

El hombre prehistórico comía carne. En tu pueblo hay gatos.

La oposición de sexos sirve para acentuar determinas situaciones; por ejemplo, en expresiones como "En los últimos años se ha invertido la proporción de alumnos y alumnas en la Facultad de Medicina". Algunos circunloquios son ridículos y empobrecen el idioma: "legisladores electos y legisladoras electas" en vez de "legisladores electos", o "llevaré a nuestra descendencia de paseo" para evitar, por sexista, la expresión "iré con mis hijos de paseo". Según Zamora el feminismo afirma la existencia del sexismo lingüístico como parte de una estrategia para obtener cuotas de poder.

La Real Academia de la Lengua, en el Diccionario panhispánico de dudas, define el género gramatical de la siguiente forma: En los sustantivos que designan seres animados, el masculino gramatical no solo se emplea para referirse a los individuos de sexo masculino, sino también para designar la clase, esto es, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos: El hombre es el único animal racional.

Sin embargo, de acuerdo al discurso, podemos usar en algunos casos los colectivos: el alumnado, la población, el personal, el electorado…

Utilizar abstractos: la redacción (por los redactores), la dirección (por los directores), la legislación (por el legislador), la infancia, la juventud, la adultez, la vejez.

Evitar el uso de: el, los, aquel, aquellos, seguidos del relativo que con sentido general. Es mejor Quien sepa leer entre líneas lo entenderá en lugar de, El que sepa leer entre líneas lo entenderá.

Cambiar el sujeto. En lugar de usar la tercera persona del singular, usar la segunda (tú o usted) o la primera del plural sin mencionar el sujeto. Si usted posee un abono podrá viajar gratis, en lugar de El abonado podrá viajar gratis.

Usar formas neutras: pareja, relación, cónyuge en lugar de novio o novia; marido, esposo o esposa, evitando suponer heterosexualidad. El alumnado puede asistir con sus parejas en lugar de Los alumnos pueden asistir con sus novias

Evitar la cosificación de las personas. Es mejor Los pueblos nómadas se trasladaban con sus enseres de un lugar a otro y no Los pueblos nómadas se trasladaban con sus enseres, mujeres y niños de un lugar a otro.7

Evitar usar expresiones como señora o señorita, señora de…, viuda de… y utilizar el apellido de las mujeres. Se prefiere Juan Pérez y María García y no Señor y señora Pérez.8

Evitar la palabra hombre sustituyéndola por persona o varón, según corresponda. Persona, para referirse a la especie humana y varón para el género o sexo masculinos.9 Es preferible Historia de la humanidad y Pueblos prehistóricos y no Historia del hombre y El hombre prehistórico

En la escritura, cuando se desconozca si el mensaje será recibido por un varón o una mujer se pueden usar las diagonales o el paréntesis en los vocativos: Estimado/a, interesado(a).8

En la escritura, es frecuente utilizar el símbolo arroba (@), o la letra equis (x) o el asterisco (*) para reemplazar las letras que denotan género en las palabras. Ejemplo l@s o lxs l*s en lugar de los o las.

En la expresión oral, es frecuente usar otra vocal en lugar de las que denotan género. Se ha difundido el uso de la vocal e (Nosotres, en lugar de nosotros).10 11

Otra opción, mucho menos habitual que las anteriores, es usar las formas femeninas como universal: Nosotras… (refriéndose a un grupo de personas de diversas identidades de género)12 13

Artículo extraído de la página cultural de La Nueva España, 19 de febrero de 2004.

Autor: G.A. Megido. Sobre el lenguaje sexista

¿Es no sexista decir “los niños y las niñas”? ¿Debo escribir “l@s niñ@s o “los/as niños/as” para no ser tildado de “políticamente incorrecto”?

El autor (doctor en Filología e inspector jefe del distrito de Avilés-Occidente en la Consejería de Educación del Principado) reflexiona, desde el punto de vista lingüístico, sobre asunto tan controvertido y tan de moda ante la cercana campaña electoral.

A nadie se le oculta que uno de los objetivos básicos e irrenunciables de cualquier sociedad moderna, en general, y de cualquier sistema educativo, en particular, debe ser la formación en la igualdad entre los sexos y el rechazo a toda forma de discriminación. En el ámbito concreto del lenguaje, conocida la frecuencia con que en él se reflejan las formas de pensar, sentir y actuar de una sociedad, es fácil imaginar que las lenguas, como instituciones creadas por el hombre, alberguen en su configuración interna rasgos formales o de estilo que resultan sexistas y que, por ello, es necesario combatir. Y es que a través del lenguaje se pueden transmitir códigos sociales inequívocamente sexistas. En nuestros días, son sexistas multitud de imágenes y mensajes presentes en los medios de comunicación o en los centros de trabajo. Dentro de éstos, los libros de textos y otros materiales didácticos exhiben con frecuencia imágenes y contenidos discriminadores de la mujer: presencia de personajes masculinos en situaciones de héroes audaces e intrépidos y, por el contrario, uso frecuente de personajes femeninos absolutamente marginales.

La fiscala

Ahora bien, algunas codificaciones lingüísticas tildadas de sexistas deben examinarse con extremo cuidado, pues pudieran no serlo, con lo que su rechazo podría llevar a errores o generalizaciones contrarios a la propia naturaleza del idioma.

Tales son los casos de la creación generalizada de femeninos analógicos (jueza, fiscala, militara, adolescenta o, incluso, jóvena) y de la explícita copresencia de la forma gramatical del género masculino seguida de la del femenino, para referirse a entes cuya caracterización sexual resulta innecesaria (los alumnos y las alumnas; las madres y los padres; los compañeros y las compañeras; o bien, bajo la forma escrita, absolutamente reprobable, del tipo los/as alumnos/as inscritos/as; o, peor aún, l@s alumn@s inscrit@s, l@s profesor@s citad@s).

Ambos fenómenos parten de sendas premisas fácilmente refutables. La primera sostiene que el género gramatical comporta siempre valores de contenido asociados al sexo. Sin embargo, como se verá, no siempre ocurre así, dado que el género es sólo un accidente gramatical, esto es, una pura valencia lingüística por medio de la cual determinadas magnitudes se combinan con uno de los tres géneros tradicionalmente distinguidos: masculino, femenino y neutro. En el caso de los nombres o sustantivos la combinación se da sólo con los dos primeros, es decir, o son masculinos o son femeninos; y así, mesa, pared, huerta, liebre, gata, mano y madre son femeninos, mientras que libro, muro, huerto, ruiseñor, perro, gorila y padre son masculinos.

La segunda y falsa premisa pretende que existan expresiones fónicas diferenciadas para cada sexo: la /-O/ final debe asociarse a entes machos, y la /-A/ a entes hembras. Pero la distinción entre masculino y femenino se manifiesta a través de variados procedimientos:

mediante la oposición fónica /o/, /a/ finales: gato / gata, huerto / huerta;

por medio de la sustitución de la /e/, /o/ finales del masculino por la /a/ final: jefe / jefa;

cambiando la terminación: gallo / gallina, actor / actriz;

o modificando la raíz: macho / hembra; madre / padre, etcétera.

En definitiva, si bien, mayoritariamente, la distinción entre los dos géneros se reconoce mediante la oposición fónica /-o/, /-a/, sería un error suponer que tales expresiones se asocian siempre e indefectiblemente con el masculino y femenino. Efectivamente, son infinidad los masculinos que no acaban en /-o/ (monje, alférez, árbol, coche, oasis…) y multitud los femeninos que no lo hacen en /-a/ (soprano, cárcel, nariz, crisis, pared…); y, por supuesto, muchos de los sustantivos acabados en /-o/ tienen género gramatical femenino (mano, libido, foto, etcétera, al igual que algunos nombres propios de mujer: Rosario, Olvido), y, al revés, bastantes de los que acaban en /-a/ son masculinos (gorila, auriga, profeta, poeta, planeta, día…); y, por supuesto, en muchos sustantivos se da una indiscriminación total, en la forma, entre los dos géneros, es decir, son sustantivos que con la misma y única terminación sirven a la vez al masculino y al femenino: testigo, guía, artista, mártir o pianista).

No hay razón, entonces, para proceder a una regularización a ultranza, violentando con ello la propia naturaleza interna del idioma. Tal medida nos induciría, en el caso, sobre todo, de los sustantivos referentes a personas, a crear expresiones finales distintas y disociadas para cada género, de modo que ante femeninos analógicos generalizados, como los citados arriba (jueza, fiscala, oficiala, estudianta o, incluso, testiga, adolescenta y jóvena), sería obligado regularizar también el masculino y actualizar en todos los caso formas como: pianisto, astronauto, pediatro, futbolisto y quién sabe si gorilo y calandrio.

El víctimo

Claro es que a esta tendencia apuntada contribuye también, como ya hemos dicho, la otra premisa falsa: la de suponer que el género comporta siempre valores de contenido asociados al sexo. Pero no siempre el sexo determina diferencias de género; de hecho, son abundantes los ejemplos de entes machos que en su mención tienen género gramatical femenino (la pantera, la liebre, la calandria), y no son pocos los casos de entes hembras que aparecen bajo el manto del masculino (el lagarto, el ruiseñor, el buitre), y ello, repetimos, a pesar de que en todas y cada una de las especies citadas haya machos y hembras. Incluso en nuestro mismo ámbito personal, existen sustantivos, como la víctima, la criatura y la persona, que son femeninos con independencia de que se puedan referir a seres de ambos sexos; y hasta el caracol, que es hermafrodita, tiene género gramatical masculino.

Pero es que, en multitud de ocasiones, el género no informa de sexo, sino de otros aspectos de la realidad y, lo que es peor, con frecuencia no informa de nada. En parejas del tipo jarro / jarra el género establece diferencias de tamaño; en casos coma el trompeta / la trompeta señala diferencias entre instrumento y usuario. Y, en fin, en sustantivos del tipo el muro, la pared… el género no informa de nada.

Nuevamente, entonces, si pretendemos regularizar aquí la pretendida equivalencia de masculino = macho + /-o/ y femenino = hembra + /-a/, volvemos a encontrarnos con el escollo de tener que establecer, de una parte, femeninos como la jilguera, la mosquita y la gorila y, de otra, masculinos –para mencionar a los machos–­ como el calandrio, el hormigo, el pantero y el gorilo. Y, por supuesto, los masculinos, referidos a entes racionales machos, como el víctimo, el criaturo y el persono.

Conclusión

En definitiva, el género en castellano sólo conoce un valor constante: dotar a ciertas unidades de una determinada capacidad combinatoria, clasificándolas en dos categorías diferentes, sin que, por ello, los términos masculino y femenino prejuzguen un significado concreto, pues algunos de los valores añadidos son cambiantes y heterogéneos. Cuando el uso lingüístico ha decidido la indistinción de géneros, esto es, de sus valores de contenido normalmente asociados, entonces lo que se emplea es la forma externa del masculino, desprovista absolutamente de cualquier referencia de tipo sexual. Es en esta circunstancia cuando el masculino puede referirse a entes de uno y otro sexo, sin mención explícita de tal rasgo diferencial; de modo que cuando decimos “los alumnos deben ser evaluados conforme a criterios objetivos”, nos estamos refiriendo a entes –machos o hembras– clasificados como “alumnos” y no como “profesores” o “máquinas”, por ejemplo. Decir que en este tipo de secuencias la mujer (la hembra) no se halla visualizada tiene fácil respuesta: el hombre (el macho) tampoco.

Tanto es así que en expresiones comunes o globales, como los padres o los alumnos, se produce esa fusión de géneros sólo cuando tales expresiones se están oponiendo a otras posibles del tipo los hijos o los profesores, por ejemplo; porque si hacemos una mención explícita oponiendo en la secuencia los dos géneros: los padres y la madres, los alumnos y las alumnas, entonces sí que el masculino recobra su vigencia, produciéndose la distinción de géneros en toda su extensión: alumnos = género masculino + entes machos y alumnas = género femenino + entes hembras. Así pues, en estos casos de copresencia la referencia es totalmente distinta. Además, esta expresión simultánea de los dos géneros –salvo que el contexto así lo exija– conlleva evidentes riesgos, dado que una vez que se procede con esa mención disociada, la sola referencia a uno de los dos géneros implicaría que el otro queda excluido. Más aún, en estricta coherencia, ese procedimiento no debería detenerse sólo en los sustantivos, sino también afectar a otros referentes lingüísticos capaces de variación:

“los alumnos y alumnas evaluados y evaluadas positivamente, y todos y todas cuantos y cuantas acreditaron formación suficiente serán notificados y notificadas fehacientemente”.

Hay un caso que creo debe preocupar más en su uso. Es el término “mujer”, que se refiere a una persona del sexo femenino, cuando hablamos de la esposa. Aun que sería más correcto usar conyugue, no es una palabra que se acostumbre usar, por ninguno de los miembros de la sociedad conyugal. Pero si, es muy usual escuchar tanto de hombres como mujeres la palabra “mujer” para referirse a la persona del sexo femenino. Así, se oye decir: Sí, ella es mi ‘mujer’, Mi ‘mujer’ no vendrá hoy; Yo soy la ‘mujer’ de Carlos. Pero ninguna mujer dirá; Carlos es mi hombre. Hoy no iré a la fiesta con mi hombre.

 

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imageEsse método foi criado especialmente para ensinar espanhol aos brasileiros, baseando-se nas seguintes premissas:

 

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3. O maior problema para os brasileiros aprenderem espanhol é a fonética.

 

4. O método foi pensado para pessoas que conhecem a gramática do português.

 

5. Para um bom desenvolvimento do método, indica-se que sejam feitas duas aulas por semana (com duração de 1h30 cada).

 

Resultados desse método:

 

1. O aluno aprende a compreender o espanhol nas primeiras aulas. A partir da quarta ou quinta aula, o professor fala somente em espanhol.

 

2. O aluno vai falando espanhol à medida que for aprendendo e sentindo-se à vontade para isso. As primeiras dez aulas são para aprender a fonética, ficando apto a entender e a ler espanhol de forma foneticamente correta.

 

3. Ao finalizar o curso, o aluno terá aprendido a ler, falar e entender o espanhol.

 

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