Propuestas de ABC para la campaña del 20-D

En los próximos años veremos si hemos sido capaces de gestionarla riqueza del idioma

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FERNANDO RODRÍGUEZ LAFUENTE Madrid – 13/11/2015 Guardado en: España

 

El idioma es el «petróleo invisible», el bien inconmensurable en el que se expresa la sociedad en español. Hubo gente, como el gran escritor mexicano Alfonso Reyes, que ya lo advirtió hace ahora cien años:

 

clip_image002«Si el orbe hispano de ambos mundos no llega a pesar sobre la tierra en proporción con las dimensiones territoriales que cubre, si el hablar la lengua española no ha de representar nunca una ventaja en las letras como en el comercio, nuestro ejemplo será el ejemplo más vergonzoso de ineptitud que pueda ofrecer la raza humana».

Cien años después, el español lo hablan cerca de 470 millones de personas como lengua materna (un 6,7 por ciento de la población mundial, porcentaje que destaca por encima del correspondiente al ruso, 2,2 por ciento; al francés, 1,1 por ciento; y al alemán, 1,1 por ciento). Son más de veinte millones de alumnos los que estudian español como lengua extranjera.

 

No es casualidad que sean Estados Unidos, Brasil y Francia las naciones que ocupen los primeros puestos en tan singular baremo. Sólo en Estados Unidos, el número de universitarios (mayoritariamente de lengua inglesa) matriculados en cursos de español supera al número total de alumnos matriculados en cursos de otras lenguas, sean estas el chino, el francés, el alemán, el árabe o el italiano.

Hay que pensar que a principios del siglo XX apenas alcanzaban los 60 millones de hablantes los que se expresaban en español. Hoy el grupo de usuarios potenciales del español en el mundo (si se integra a los nativos, a los de competencia limitada y a los que aprenden tal idioma) se aproxima a los 560 millones. Las cifras son relevantes. Ya recuerdan en Italia que «las matemáticas no son opinión». Y los números son elocuentes. Esta es la realidad, la fotografía actual del idioma español. Sí, es el «petróleo invisible» del que dispone la sociedad iberoamericana hoy. Su gran industria. No sólo es una lengua de cultura (la lengua que creó la novela moderna), sino un extraordinario recurso económico.

 

¿Somos conscientes?

¿Es consciente la sociedad española (política, financiera, comercial, mediática) de lo que tiene entre manos? La respuesta se verá en los próximos años. El español es la segunda lengua materna del mundo por número de hablantes, tras el chino (mandarín), y a esta fecha no ha tocado techo, porque las más cautas previsiones estiman que en el cercano 2030 los hispanohablantes serán el 7,5 de la población mundial y Estados Unidos, con las previsiones más cautas, será en 2050 el primer país hispanohablante. Extraordinario. Pero no se trata sólo del valor cultural, es que compartir el español aumenta cerca de un 300 por ciento el comercio bilateral, sólo entre los países hispanohablantes; no pensemos en cómo ese comercio se dispara, por ejemplo, con la relación de intercambio de bienes cuando entran en juego naciones como China y su relación comercial con Iberoamérica.

 

Y queda internet, porque el español es la segunda lengua más visitada en Wikipedia, inmediatamente después del inglés. Una lengua crece cuando la información en ese idioma crece. El inglés y el español serán las lenguas del siglo XXI: Carlos Fuentes destacó cómo la expansión del español se debía a su carácter de lengua de «andariegos e inmigrantes», una lengua de frontera, y una lengua americana que pulveriza las fronteras.

 

Sí, «el español es más moderno que el castellano», como recordó Mauricio Wisenthal. Nueve de cada diez hablantes están al otro lado del Atlántico, y apenas un 5 por ciento de los hablantes pronunciamos la «ce». Tras el inglés, es la segunda lengua internacional. Estados Unidos, Brasil, el Magreb y Extremo Oriente son claves en la consolidación de esa internacionalidad. Queda el sentido de administrar este extraordinario bien, este «petróleo invisible», no ya como Marca España, sino como legado común con Iberoamérica, y cumplir, ejemplarmente, con las sabias palabras del mexicano Alfonso Reyes, por cierto, como hasta la fecha ha cumplido el Instituto Cervantes, creado ahora hace casi un cuarto de siglo.

Diez ideas para mejorar

La expansión digital es básica

La expansión deberá ser digital, no presencial. La agenda de creación de centros del Instituto Cervantes en el exterior ha cumplido su labor. Ahora se abre al futuro, y el futuro es lo digital: cursos, exámenes, certificaciones, formación de profesores, bibliotecas electrónicas…

Evaluación única (Siele) y más allá

Profundizar en ese gran hallazgo que es el Siele (Servicio Internacional de Evaluación de la Lengua Española) con su certificación electrónica.

De la mano con Iberoamérica

No dar un paso sin Iberoamérica. Alcanzar el máximo de acuerdos con entidades semejantes y con fines y objetivos comunes en esa expansión y consolidación como segunda lengua internacional.

El Cervantes necesita autonomía

Vital: autonomía del Instituto Cervantes en la gestión. Una entidad de este calibre y de estos objetivos no puede estar sometida al albur de los vaivenes políticos. Es necesario, como en el Museo del Prado, como en la Biblioteca Nacional, como en los Archivos Nacionales, un acuerdo de Estado, que permita a la entidad plantear un programa de actuación a medio y largo plazo.

Marcar prioridades de expansión

Centrar la actuación en las áreas geográficas en las que el español tiene, hoy, su principal foco de atención: Estados Unidos, Brasil y Extremo Oriente (China, India, Japón y Corea del Sur).

Un consenso trasatlántico

Lograr, tanto en la enseñanza como en las diversas manifestaciones culturales, un consenso amplio, diverso y plural con el conjunto de lo que hoy compone la Sociedad Iberoamericana de Naciones.

La ayuda de las industrias culturales

Potenciar las industrias culturales, libro, música, cine, artes plásticas, medios de comunicación, en aras de una labor conjunta de proyección y promoción.

Cultura de la internacionalización

Lo mismo que se ha logrado en las últimas décadas con la internacionalización de la economía española, alcanzar esa internacionalización en el ámbito de la cultura (que es el de la lengua), con la colaboración de las correspondientes industrias culturales iberoamericanas, de manera especial con México, Argentina y Perú.

Profesionalizar al máximo la gestión cultural exterior

Profesionalizar la acción cultural exterior, que es una de las más viejas reivindicaciones del sector, con el fin de que se aprovechen al máximo las oportunidades que la red diplomática y de cooperación ofrece a la cultura. La gestión cultural, hoy compleja y especializada, debe estar en manos de quienes poseen un currículum que los avala para ello, y no consistir en un mero nombramiento diplomático.

Canal internacional de TV en español

Avanzar hacia la creación de un canal de televisión -online, por satélite y demás- que contribuya a estar presente en cualquier lugar del mundo con la visión del mundo que compartimos los hablantes.