Gracias a la Vida, poema inmenso, pleno de humanidad, humildad y sabiduría…

Gracias a Violeta que nos dio tanto…

Violeta Parra tiene que haber alcanzado el cielo cuando escribió Gracias a la Vida, por la claridad y belleza con que describe los sentidos y sentimientos y como ellos se manifiestan en el ser humano; su mano tiene que haber sido guiada por un ser superior, que también era sabedor de la pequeñez del hombre para reconocer en esos sentidos y sentimientos, la belleza de entregar y recibir.

Cada estrofa un poema para escuchar, para leer, una oración a la vida…

Gracias a la vida que me ha dado tanto 
Me dio dos luceros que cuando los abro
 
Perfecto distingo lo negro del blanco
 
Y en el alto cielo su fondo estrellado
 
Y en las multitudes al hombre que yo amo.

En la primera de ellas Violeta nos muestra y define el precioso don de ver. El que muchas veces no usamos en su real dimensión, y no somos capaces de distinguir la belleza de las cosas simples que están en nuestro rededor. Ya nadie mira las estrellas, ya nadie se enternece al ver volar una mariposa, ya no nos miramos ni entre nosotros, ni tampoco a nosotros, cuando miramos al espejo, sólo miramos nuestro traje, nuestra corbata, nuestro collar, nuestro peinado. También nos hace falta mirar más hacia adentro de nosotros mismos. Sólo vemos pero no queremos mirar.

Gracias a la vida que me ha dado tanto 
Me ha dado el oído que en todo su ancho
 
Graba noche y día grillos y canarios:
 
Martillos, turbinas, ladrillos, chubascos,
 
Y la voz tan tierna de mi bien amado.

Violeta con seguridad escuchó todos esos sonidos. Violeta nos muestra la belleza de escuchar lo que oímos; de detenernos en alguna plaza y escuchar el canto de un zorzal; escuchar los niños cuando se cuentan sus aventuras; estar frente al mar y escuchar el canto de la gaviota, escuchar el rumor del mar; pasar frente a una fábrica y escuchar la melodía que cantan las máquinas. También nos hemos olvidado de escuchar a los otros, de escuchar nuestra conciencia de escuchar nuestro corazón…

Gracias a la vida que me ha dado tanto. 
Me ha dado el sonido y el abecedario
 
Con él las palabras que pienso y declaro
 
Madre, amigo, hermano, y luz alumbrando
 
La ruta del alma del que estoy amando.

Violeta agradece no el poder hablar, sino el tener voz y las palabras para expresar lo pensado, para decir los sentimientos, aquello que nos llena el alma, aquello sublime que nuestro entender quiere decir a los otros. La voz no sólo transmite sonidos, también lleva con ella nuestros sentimientos, nuestras alegrías, nuestros pesares. Hoy, tampoco usamos la voz para entregar, la usamos para exigir, para romper, para transgredir la misma palabra, cuando no a los otros.

Gracias a la vida que me ha dado tanto 
Me ha dado la marcha de mis pies cansados:
 
Con ellos anduve ciudades y charcos,
 
Playas y desiertos, montañas y llanos
 
Y la casa tuya, tu calle, tu patio.

Que dichosa Violeta de haber pisado tantos suelos, conociendo y sintiendo cada uno de ellos; es claro que cada uno de ellos tiene una singularidad para entregar. Caminar también es sentir; sentir la arena bajo los pies en la playa o en las dunas del desierto, sentir la hojarasca en el campo, sentir la ciudad. Sentir la distancia entre tu casa y el trabajo, entre tu casa y la escuela.

Gracias a la vida que me ha dado tanto 
Me dio el corazón que agita su marco
 
Cuando miro el fruto del cerebro humano:
 
Cuando miro el bueno tan lejos del malo
 
Cuando miro el fondo de tus ojos claros.

Que bendita posibilidad de mirar con el corazón. Que grande aquel que puede mirar con la razón. Las dos formas de mirar nos permiten conocer la belleza y la bajeza del ser humano y discernir hacia dónde va nuestro camino; también ver las cosas que están más allá de nuestros ojos, más allá de nuestro pequeño entendimiento.

Gracias a la vida que ha dado tanto 
Me ha dado la risa y me ha dado el llanto,
 
Así yo distingo dicha de quebranto,
 
Los dos materiales que forman mi canto
 
Y el canto de ustedes que es el mismo canto
 
Y el canto de todos que es mi propio canto
 
Gracias a la vida que me ha dado tanto.

Tantas emociones y tantos sentimientos que podemos expresar a través de la risa y del llanto. Toda nuestra vida está hecha, ¡plagada de esos momentos! Los dos son parte inseparable del ser humano, y con ellos no sólo expresamos, también acumulamos conocimiento de la vida. La risa no es un rictus del hombre o la mujer para sí, es la demostración de una emoción que sentimos y compartimos con otros. Y el llanto no es un derramar de lágrimas al vacío, es la expresión de un sentimiento respecto de algo vivido.

Y cada estrofa culmina con la expresión más profunda del amor. Cada estrofa, que es un canto especial y particular de sentidos y emociones diferentes, tiene un remate en el sentimiento más profundo que lleva a la perfección a hombres y mujeres: el amor. El amor por el ser que es considerado la otra parte que nos permite hacer un todo.