La posesión se puede expresar de diversas formas en español: mediante adjetivos, pronombres, preposiciones o artículos determinados.


Usamos los adjetivos y los pronombres posesivos para hablar de la cosa poseída o la persona que posee algo.

 

Asimismo, el posesivo indica también la persona que posee, pero no indica el sexo del poseedor.

 

La preposición ‘de’ señala propiedad y posesión.

Ejemplos:
¿De quién es esta manzana?

La pelota de fútbol es de Esteban.

Esa carta que trajo el cartero es de Juan.

He leído unos poemas de Pablo Neruda.

 

En el registro popular se utilizan los artículos determinados para expresar la relación de posesión. En efecto, los adjetivos posesivos son gramaticalmente correctos pero suenan menos naturales.

 

Ejemplos:
Estoy con la familia. (Estoy con mi familia).

He venido a la boda con la mujer y los hijos (He venido a la boda con mi mujer y mis hijos).

 

Los adjetivos posesivos

Hay que usar los adjetivos posesivos para hablar de la cosa poseída. Los adjetivos posesivos concuerdan en género y número con el nombre.

 

En español hay dos grupos de adjetivos posesivos: los adjetivos posesivos átonos (o débiles) y los adjetivos posesivos tónicos (o fuertes).

 

En algunos casos, la utilización de uno u otro tendrá como consecuencia diferencias de significado.

 

Ejemplos:
Él me enseñó sus fotos (Él es propietario de las fotos, porque las ha comprado o las ha tomado él).


Él me enseñó fotos suyas (
Él me enseñó fotos con su imagen).

 

Para hablar por ejemplo de la ropa o de las partes del cuerpo, en español se utilizan menos los posesivos, porque o bien esta pertenencia es obvia o porque se indica por un medio distinto al uso de posesivos.

 

Ejemplos:
Se lava las manos (Y no: Se lava sus manos) (La pertenencia de las manos es evidente; la relación de posesión está establecida además por un pronombre reflexivo).

He perdido las llaves (He perdido mis llaves) (Parece obvio que si alguien pierde las llaves, éstas, en principio deban ser las propias y sólo indicará de quién son en el caso en que no le pertenezcan).

Me pongo el sombrero (Me pongo mi sombrero) (La pertenencia es menos evidente que en el caso de las manos.

 

­­Los adjetivos posesivos se usan, a menudo, también para expresar una costumbre.

Ejemplos:
Siempre fuma su pipa al atardecer.

Mi siesta no hay quien me la quite.