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Es un refrán que significa que cuando un asunto no es de la incumbencia del individuo, lo mejor no es involucrarse y dejar que el agua siga su curso natural. En este sentido, se puede decir que este refrán está relacionado con la intromisión en asuntos ajenos. Como tal, es un refrán popular, de origen español, que se ha extendido y se usa en toda América Latina.

El refrán dicta un consejo o advertencia, de no involucrarse en asuntos ajenos para no generar molestias u obstruir dichos asuntos. De este modo, el refrán enseña en mantenerse al margen de un asunto que no le interesa o afecte, no es aconsejable entrometerse sino dejarlo a quienes verdaderamente les interese.

En ocasiones, el individuo que se involucra en algo que no es de su incumbencia puede terminar envuelto en un gran problema, y generar molestias a las demás personas por meterse en algo que no le concierne.