clip_image001El adjetivo es una clase de palabra que funciona ordinariamente como adyacente del nombre sustantivo, esto es, como complemento nominal adjunto que se sitúa delante o después del sustantivo a que se refiere, con el cual concierta en español en género y número. Si la raíz es alterada en una de sus formas comparativa o superlativa, el adjetivo es considerado irregular, como por ejemplo: bueno – mejor

Por significado, señala una cualidad atribuida a un sustantivo, bien abstracta (perceptible por la mente, como en “libro difícil”), bien concreta (perceptible por cualquiera de los cinco sentidos, como en “libro azul”).

En cuanto a su morfología, el adjetivo posee en español accidente de género y número para concordar con el sustantivo del cual es adyacente, no lleva artículos salvo cuando se sustantiva y puede llevar toda clase de afijos. No obstante, existen adjetivos de una sola terminación (fuerte, falaz, hábil, débil…) que no experimentan variación de género, aunque sí de número, mientras que son más frecuentes los adjetivos de dos terminaciones (bueno/buena, malo/mala, etc.), dentro de los cuales suelen incluirse los participios regulares (freído, imprimido) e irregulares (frito, impreso). Los participios también funcionan como verbos, en especial los regulares y más raramente los irregulares, algunos de los cuales han perdido la posibilidad de conjugarse (adjunto por adjuntado; incluso por incluido).

Dentro de los adjetivos de una terminación, el caso más común es el de los adjetivos finalizados en e como grande, fuerte, triste, insomne, alegre, inmutable, etc. También existen adjetivos que terminan en –l (débil, fácil, sutil, fútil, personal); en –r (peor, mejor, ulterior, particular); en –z (sagaz, veloz, atroz); pocos en –n(común, ruin); también existen algunos terminados en –í (sefardí) y un puñado en –s, la mayoría gentilicios (cortés, inglés, francés...).

Apócope

En posición antepuesta a un sustantivo algunos adjetivos se apocopan, es decir, pierden algunos de sus elementos finales: grande/gran, santo/san, bueno/buen, malo/mal, primero/primer, tercero/tercer, ciento/cien, cualquiera/cualquier, alguno/algún, ninguno/ningún, veintiuno/veintiún, mío/mi, tuyo/tu, etc. Algunos adjetivos como tercero, grande o ciento también son usados sin su forma apocopada antes de un sustantivo por arcaísmo, aunque el apócope es el uso más común (“Más vale pájaro en mano que ciento volando”).

Grado

El grado determina en el adjetivo español la intensidad y cantidad en que se da la cualidad del adjetivo de forma objetiva, mientras que los sufijos apreciativo-valorativos (diminutivo, aumentativo y despectivo) determinan más bien la cantidad e intensidad de forma subjetiva. En español existen tres grados: positivo, comparativo y superlativo.

Ø  El grado positivo denota objetivamente la cualidad en su cuantificación natural y por tanto no es marcado con ningún morfema concreto: caliente, tibio, frío, roto, bueno, regular, malo, limpio, sucio.

 

Ø  El grado comparativo denota la cualidad referida a la cualidad de otro sustantivo para señalar objetivamente su igualdad, su superioridad o su inferioridad, y se forma mediante la adición de un adverbio intensificador al adjetivo que se escribe separado de él (tan, más, menos) y un nexo (que, como) que señala el sustantivo término con el que se compara; por ejemplo: "Pedro es más/menos bueno que Juan (es bueno)". El segundo adjetivo se elide porque se sobreentiende, por economía. En el caso del comparativo, el adverbio utilizado es tan y el nexo es como: "Pedro es tan bueno como Juan (es bueno)". Así pues, el grado comparativo de igualdad se construye con la fórmula tan + adjetivo + como; el de superioridad con la fórmula más + adjetivo + que y el de inferioridad con la fórmula menos + adjetivo + que.

 

Ø  El grado superlativo denota una cualidad que el adjetivo posee en su máximo grado objetivo y utiliza afijos y morfemas de grado superlativo (los sufijos –ísimolas más de las veces, y –érrimo en un cierto número de adjetivos como pulcro/pulquérrimo, célebre/celebérrimo, agrio o acre/acérrimo, salubre/salubérrimo, áspero/aspérrimo, libre/libérrimo, magro, macérrimo, negro/nigérrimo, mísero/misérrimo etcétera); algunos, sin embargo, comparten doble superlativo y pueden formarlo con -ísimo o -érrimo indistintamente: magro / magrísimo / macérrimo, pobre / pobrísimo / paupérrimo, o negro / nigérrimo / negrísimo, entre otros. En todos esos casos la forma en -érrimo es formal o literaria. Otros procedimientos afijales para la formación de superlativos consisten en la adición de prefijos como extra-, super-, hiper-, re-, reterequete-: "Extralimpio, superbueno, hipercaro, rebarato, requetemal" o. Es determinado asimismo por adverbios cuantificadores que le confieren los otros grados, el comparativo de igualdad (tan), de superioridad (más) y de inferioridad (menos), así como el grado superlativo analítico (“Muy, harto, asaz, extraordinariamente, definitivamente bueno”).

El grado en algunos casos se logra alternativamente mediante procedimientos léxicos; así, por ejemplo, si bueno es de grado positivo, su comparativo es mejor y su superlativo óptimo; en el caso de malo, peor y pésimo; en el de grande, mayor y máximo; en el de pequeño, menor y mínimo; en el de alto, superior y supremo y en el de bajo, inferior e ínfimo.

grado positivo

grado comparativo de superioridad

grado superlativo sintético

alto

más alto o superior

altísimo, supremo (culto).

amigo

más amigo

amiguísimo (informal) amicísimo (culto).

antiguo

más antiguo

antiquísimo

bajo

más bajo, inferior (culto)

bajísimo, ínfimo (culto).

bueno

más bueno, mejor

buenísimo (informal), bonísimo (culto), óptimo (culto).

creíble, increíble

más creíble/increíble

credibilísimo / incredibilísimo

fuerte

más fuerte

fuertísimo (informal), fortísimo (culto y también informal).

grande

más grande, mayor

grandísimo, máximo (culto).

malo

peor (esto es, más malo)

malísimo, pésimo

mucho

más

muchísimo

pequeño

más pequeño, menor

pequeñísimo, mínimo (culto).

poco

menos

poquísimo

pobre

más pobre

pobrísimo (informal), paupérrimo (culto).

pulcro

más pulcro

pulquérrimo (culto).

Sustantivación

Lo sustantivan o transforman en sustantivo el artículo neutro lo (“lo bueno”) y el masculino el y, además, la supresión del sustantivo en una lexía habitual: el barco velero = el velero, la j = la letra j, etc.

Función sintáctica

En cuanto a su sintaxis, el adjetivo desempeña habitualmente cinco funciones diferentes:

1. Adyacente de un sustantivo (“Buen libro grande”).

2. Atributo de un sustantivo a través de un verbo copulativo (“Pedro es, está o parece sano”).

3. Complemento predicativo (“La mujer llegó cansada”).

4. Núcleo de un sintagma adjetivo (“Muy próximo al barrio”).

5. Núcleo de un sintagma preposicional (“Lo acusaron por tonto”).

El adjetivo en español es también tónico y por tanto una de sus sílabas se pronuncia con mayor intensidad que las otras.

Clases de adjetivos

Con un criterio sintáctico se distingue entre:

·         Adjetivos adjuntos, cuando van unidos asindéticamente al nombre: “noche oscura” u “oscura noche”.

·         Adjetivos atributivos o conexos, de tres tipos, bien ligados al nombre mediante uno entre dos verbos copulativos (ser o estar, pero no parecer): “La noche era oscura”, bien que funcionen como complemento predicativo cuando entre el adjetivo y el sustantivo hay un verbo no copulativo (aquí entra parecer, pues no es un verbo copulativo puro): “La casa parece verde”, “el niño llegó feliz”. Y, por último, adjetivos en función de aposición, cuando van unidos al sustantivo con un elemento suprasegmental: “La casa, verde”.

Con un criterio semántico e informativo, se distingue entre:

·         Adjetivos calificativos, los adjetivos más propiamente dichos, que se limitan a señalar una cualidad o característica del sustantivo al que modifican, como en hombre alto, perro hermoso.

·         Adjetivos relacionales, introducidos por la última edición de la Gramática de la Real Academia Española, y que son aquellos que, pese a limitar la extensión del sustantivo al que acompañan como los calificativos, carecen de grado, porque se limitan a clasificarlo dentro de un conjunto ordenado o taxonomía. Es decir, no pueden aparecer en grado comparativo ni superlativo. Así, podemos decir, que un coche es "policial", pero no que es muy policial. Por tanto, adscriben al sustantivo dentro de una clase, pero no lo califican en determinado grado.

La gramática tradicional distingue también entre:

·         Adjetivos explicativos o epítetos, que expresan una cualidad abstracta o concreta de la que el sustantivo ya informa, subrayando dicha cualidad ya implícita en el significado propio del sustantivo; por ejemplo: “Dulce azúcar”, “manso cordero”, “fiero león”.

·         Adjetivos especificativos, que, por su parte, añaden una información que el sustantivo por sí sólo no comunica, y que incluirían entre ellos a los relacionales, pero no exclusivamente: “Azúcar moreno”, “cordero enfermo”, “león distraído”.

·         Adjetivos determinativos, generalmente llamados determinantes, que actualizan, presentan, cuantifican (miden) o preguntan por el sustantivo núcleo del sintagma nominal, generalmente, aunque no siempre, situándose en posición anterior a éstos; existen tres clases de determinantes, los actualizadores, los cuantificadores y los interrogativos

·          

·         Adjetivos sustantivados o absolutos: son los que desempeñan en la frase las funciones propias del sustantivo mediante sustantivación. omitiendo el sustantivo con el que se relaciona habitualmente: "Pozo profundo / Lo profundo del pozo". "Barco velero. / El velero. / Velero"

·         Adjetivos verbales: son los participios en función adjetiva, cuando no han perdido aún su naturaleza verbal. Algunos de ellos pertenecen a verbos irregulares, ya que se presentan formalmente distintos de las formas de la conjugación regular, que también existen, pero no pueden emplearse en función adjetiva, de forma que existen dobletes de participios verbales y participios adjetivos como: imprimido / impreso, freído / frito, adjuntado / adjunto, etc.: "papel impreso", y no "papel imprimido" o "he imprimido un libro" y no "he impreso un libro".

Posición

Muchos adjetivos por su contenido semántico netamente relacional, no tienen otro uso que el especificativo posterior al nombre: "El andén central, la cuestión social". Otros, en cambio, tienen siempre un valor de explicativo (epíteto): "La nieve blanca, el león fiero, la hierba verde". Cuando el adjetivo se coloca entre comas, siempre tiene un valor explicativo: "Aquel hombre, tan amable, era mi padre".

Un adjetivo puede ir tanto delante como detrás del núcleo al cual se refiere. Existen cuatro criterios para la posición de éste: criterio lógico, criterio psicológico, criterio rítmico y un criterio distribucional.

·         Criterio lógico. Si el adjetivo es especificativo se coloca después del núcleo. Ej. “tiza blanca”. Si el adjetivo es explicativo se coloca antes del núcleo. Ej. “mal estado”.

·         Criterio psicológico. El adjetivo irá antes del núcleo si es subjetivo, es decir, el adjetivo es opinión del emisor. Ej. “buena jugada”.

·         Criterio rítmico. Si el adjetivo tiene una longitud superior al núcleo, se escribe después de éste. Ej. “chico asustadizo”, o también “la casa deshabitada”.

·         Criterio distribucional. Si el adjetivo tiene escaso contenido informativo se escribe antes que el núcleo. Ej. “buen golpe”. Si el adjetivo tiene mayor grado de información, se pospone. Ej. “Calor solar” y no “solar calor”.

·         Criterio significativo. El significado cambia si el adjetivo cambia su posición. Ej.: “pobre hombre” y “hombre pobre” no significan lo mismo. Si la raíz es alterada en una de sus formas comparativa o superlativa, el adjetivo es considerado irregular, como por ejemplo: bueno – mejor