clip_image001Es un refrán popular que expresa que no debemos hacer caso a comentarios imprudentes o impertinentes que entrañan, de forma expresa o disimulada, mala intención. Es originario de España y hoy en día se encuentra extendido también en América.

El refrán, en este sentido, supone también un consejo o una advertencia: ante las palabras necias de otros, nuestra mejor respuesta solo puede ser la más sincera indiferencia.

Podemos considerar como necias las palabras que son dichas desde la ignorancia, sin real conocimiento sobre un asunto o cuestión; son necias las palabras que no se miden y que, en tal sentido, pecan de imprudentes e impertinentes; son necias las palabras que llevan consigo, de manera manifiesta u oculta, mala intención; en síntesis, son necias las palabras que no ayudan ni aportan nada, es decir: los comentarios negativos y las críticas destructivas.

De allí que la enseñanza del refrán sea que no debemos dejar que nos afecten los comentarios o las afirmaciones ajenas que buscan, simplemente, perturbarnos, pues ningún provecho tienen y no son dignas, ni siquiera, de ser oídas. Así, cuando ponemos en práctica el dicho nos evitamos el engorro de atender aquello que ni siquiera merece la pena.