http://www.elnuevodia.com/opinion/columnas/uncementeriolinguistico-columna-2096475/

clip_image001La semana pasada, varios eventos públicos reavivaron la controversia sobre el idioma y la inmigración, especialmente el uso del español entre los latinos en Estados Unidos. Para empezar, el precandidato republicano a presidente, Jeb Bush, criticó en español (e inglés) a su rival Donald Trump por sus posturas contra la inmigración mexicana y otras “barbaridades”. Trump ripostó inmediatamente que Bush “debería dar el ejemplo hablando inglés mientras esté en Estados Unidos”. La excandidata republicana a vicepresidenta, Sarah Palin, posteriormente añadió que los inmigrantes deberían hablar “americano”.

Otra noticia no relacionada con las campañas electorales involucró a Vanessa Ruiz, presentadora de noticias en una estación televisiva de Arizona. Ella respondió a las críticas de que pronunciaba correctamente las palabras en español, señalando que se había criado en un hogar bilingüe de origen colombiano en Miami.

Tales sucesos replantean el dilema de la “asimilación lingüística” de los inmigrantes en Estados Unidos. Según el sociólogo cubanoamericano Rubén G. Rumbaut, este país ha sido tradicionalmente un “cementerio lingüístico”. Aquí se han “enterrado” los idiomas de todas partes del mundo, desde las lenguas indígenas de Norteamérica hasta las que trajeron los esclavos africanos y los inmigrantes asiáticos, pasando por las lenguas maternas de diversos países europeos como el alemán, italiano, polaco, francés o ruso.

El inglés ha prevalecido históricamente sobre otras lenguas extranjeras en Estados Unidos, usualmente durante la segunda o tercera generación de inmigrantes. La mayoría de los nietos de inmigrantes no domina su lengua ancestral debido a la fuerte presión social por hablar sólo inglés; la insuficiencia de programas de lenguas extranjeras en todos los niveles educativos; la preponderancia de los medios de comunicación en inglés y, en algunos casos, la falta de oportunidades para practicar otros idiomas en la vida diaria.

No obstante, el español podría sobrevivir en Estados Unidos por más tiempo que otras lenguas debido a la inmigración constante de Latinoamérica, la expansión de los medios de comunicación hispanos y la pujanza internacional del idioma español.

Los estudios académicos y datos estadísticos disponibles evidencian que los hijos de inmigrantes contemporáneos -especialmente latinos y asiáticos- están aprendiendo inglés tan rápidamente como los miembros de oleadas migratorias anteriores.

Incluso en ciudades con grandes concentraciones de población latina, como Miami, Nueva York o Los Ángeles, el español va erosionándose inexorablemente como principal medio de comunicación entre los hijos y nietos de inmigrantes. Según el lingüista de la Universidad Internacional de la Florida, Phillip M. Carter, la escasez de programas de educación bilingüe en las escuelas públicas de Miami ha acelerado la pérdida del dominio del español entre niños y jóvenes criados en Estados Unidos.

El caso de los puertorriqueños en Estados Unidos ilustra claramente esta tendencia. En el 2010, los descendientes de inmigrantes boricuas nacidos en el exterior hablaban inglés en casa con más frecuencia (un 50.8%) que los nacidos en Puerto Rico (un 9.9%). Las personas que sólo hablaban inglés representaban el 54% de las menores de 18 años, mientras que las que hablaban español e inglés representaban el 73% de las mayores de 18 años. Al igual que entre otros grupos étnicos, los puertorriqueños más jóvenes y los nacidos en Estados Unidos suelen desplazarse del español hacia el inglés.

Contrariamente al planteamiento de algunos políticos conservadores y sus seguidores, lo que está en peligro no es el predominio absoluto del inglés sobre cualquier otro idioma hablado en Estados Unidos. Este país sigue siendo un “cementerio lingüístico” hoy en día, donde los descendientes de inmigrantes pierden velozmente sus destrezas bilingües y donde se ha reducido sustancialmente la matrícula estudiantil en programas universitarios de enseñanza de lenguas extranjeras. Lo que verdaderamente está en juego es cómo la población monolingüe estadounidense podrá mantener su competitividad en una economía cada vez más globalizada y plurilingüe.