VÍCTOR JARA MARTÍNEZ (1932 -1973)

clip_image002Víctor Jara Martínez nació el 28 de septiembre de 1932 en La Quiriquina, pequeña localidad cercana a Chillán. Miguel Jara, su padre, fue un campesino que trabajó como inquilino en una Hacienda. Su madre, Amanda Martínez, fue una cantora con un amplio conocimiento de la cultura popular del sur de Chile e influyó directamente en la vocación artística de Víctor, ya que le enseñó sus primeras canciones. 

Luego de la separación de sus padres, Víctor viajó a Santiago junto a su madre y hermanos, estableciéndose en un cité de la población Los Nogales. Cuando tenía apenas 15 años, falleció su madre, lo que motivó su entrada al Seminario Redentorista de San Bernardo en 1947. Sin tener una clara vocación sacerdotal, Víctor abandonó el Seminario luego de dos años. Por esta época, también realizó el servicio militar obligatorio.

Sus estudios universitarios comenzaron en 1957, en la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile. El mismo año ingresó al grupo de cantos y danzas folklóricas Cuncumén. Fue la propia Violeta Parra quien lo incentivó a seguir desarrollándose en la música. Dentro de su humildad, Violeta incluso le pidió al joven Jara que le diera su opinión sobre las canciones compuestas por ella.

En 1960 recibió el título de Director Teatral y tres años después formó parte del directorio del Instituto de Teatro de la Universidad de Chile, donde ejerció como profesor de actuación.

Al poco tiempo, Víctor Jara se convirtió en uno de los más destacados directores de teatro de la época. Recibió numerosos premios, además de positivos comentarios del público y la crítica especializada. En 1965 fue reconocido como mejor director del año, obteniendo el premio “Laurel de Oro”, por la dirección que realizó de las obras La Remolienda (de Alejandro Sieveking) y La Maña (de Ann Jellicoe). En 1967, en Inglaterra, recibió el Premio de La Crítica, con el montaje Entretengamos a Mr. Slone. Durante su estadía en Inglaterra compuso una de las canciones más importantes de su carrera musical, Te recuerdo Amanda, la que dedicó a sus padres.

Paralelamente a sus múltiples trabajos como director teatral, Víctor Jara continuó interpretando y componiendo canciones. Su labor musical es por lo que ha sido más reconocido en Chile y el mundo.

Con su canto folklórico y popular, Jara fue uno de los fundadores de un importante movimiento de la música chilena: La Nueva Canción. Fue Director Artístico del grupo Quilapayún entre 1966 y 1969. Además, compartió escenario con otros grandes de la música chilena, como Inti-Illimani y Violeta Parra.

Durante su vida, Víctor Jara mantuvo un fuerte compromiso político. Militó en las Juventudes Comunistas y participó activamente, junto a muchos otros artistas de La Nueva Canción Chilena, en la campaña presidencial de Salvador Allende, realizando diversos recitales a lo largo del país. Gran parte de sus composiciones tuvieron un fuerte componente de crítica social y fueron consideradas como himnos del mundo popular. Uno de los discos más representativos en este sentido fue La Población, el cual contó con la participación de Isabel Parra. Dentro de la enorme cantidad de canciones con contenido social que compuso, destaca Plegaria para un labrador, que obtuvo el Primer Premio en el 1º Festival de la Nueva Canción Chilena, realizado en el Estadio Chile.

Con el triunfo de la Unidad Popular en 1970, Víctor Jara se convirtió en Embajador Cultural de Chile, cargo que ejerció desde 1971 hasta su muerte. En 1972 viajó a mostrar su música en Cuba y la Unión Soviética. Además, le tocó la labor de dirigir el homenaje que se le realizó a Pablo Neruda por haber obtenido el Premio Nobel de Literatura.

El Golpe de Estado de 1973 fue decisivo para el destino de Víctor Jara. El mismo 11 de septiembre fue detenido en la Universidad Técnica del Estado, donde se desempeñaba como docente en el Departamento de Comunicaciones. Luego, fue trasladado al Estadio Chile, lugar en el que falleció luego de ser acribillado el 16 de septiembre por efectivos militares. Su cuerpo sin vida fue arrojado en unos matorrales del Cementerio Metropolitano y después fue trasladado a la Morgue, donde fue reconocido por su viuda Joan Turner. La veracidad de estos hechos fue confirmada en 1990 por la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación. Actualmente, sus restos se encuentran en el Cementerio General.

En septiembre de 2003, al cumplirse 30 años del Golpe de Estado, el Estadio Chile pasó a llamarse Víctor Jara.