Usted’ tiene su propia historia. En épocas medievales no existía, pues la segunda persona informal era ‘tú’, que se usaba para el trato entre iguales o con la familia, y la segunda persona formal era ‘vos’. Con el transcurso del tiempo, sin embargo, el vos comenzó a generalizarse tanto que finalmente perdió toda su formalidad. La gente, necesitando una manera solemne de dirigirse a nobles y altos dignatarios, comenzó a utilizar la expresión Vuestra Merced, que por tratarse de una manera indirecta de dirigirse a alguien, usaba la conjugación verbal correspondiente a la tercera persona. De esta manera, si alguien necesitaba hablar con un superior jerárquico, un noble o un alto dignatario, le decía: "Si Vuestra Merced lo desea, puede disponer de esta sala…" o "¿Cómo estuvo el viaje de Vuestra Merced?" o "Espero que Vuestra Merced haya disfrutado de su comida" u otras frases por el estilo. ‘Vuestra Merced’ se generalizó entonces como fórmula de profundo respeto. Con el transcurrir de los siglos, Vuestra Merced comenzó a contraerse, y derivó en ‘Vuesarced’ hasta desembocar en ‘usted’. Su significado formal, sin embargo, se mantuvo intacto.

 

Hoy en día, ‘usted’ es la manera en que todo hispanohablante se dirige a un superior, a una persona desconocida, o a una persona mayor que le infunda respeto, y siempre se utiliza en situaciones serias, formales o solemnes. Es más común en algunos países que en otros. En zonas rurales o entre gente de baja educación, ha perdido la -d y se oye el término ‘usté’ en vez de usted, siempre conservando su connotación formal (con un significado informal, aún entre gente de educación media, también suele usarse el ‘usté’ por sobre el usted). En España ha desaparecido en gran medida en todos los círculos sociales, pero en Latinoamérica su presencia es muy importante, también en todos los círculos sociales. Su conjugación verbal sigue correspondiendo a la tercera persona singular, por lo que, aunque nos refiramos a nuestro interlocutor, usamos las formas verbales de él o de ella: ¿Cómo está usted? Usted puede ayudarme. ¿Usted es Jaime González? También, cuando necesitamos usar un pronombre directo o indirecto, recurriremos a las formas de las tercera persona, como por ejemplo: Usted me dijo que lo llamara hoy (si nos dirigimos a un hombre), ¿Desea usted que la acompañe? (si nos dirigimos a una mujer). A usted le pido que venga. Etc.

 

Por otro lado, el uso de “usted” puede introducir sutiles variantes culturales y psicológicas en el trato, porque posee una fuerte connotación de formalismo y distancia. Es tan fuerte, que por mucho tiempo, los socialistas españoles consideraron el ‘usted’ como una característica de la derecha conservadora mientras que vieron en el “tú” la igualdad social que pregonaban. Lo mismo se puede advertir en el uso del “usted” de acuerdo a las generaciones: los jóvenes tienden a evitarlo, mientras los mayores lo prefieren, precisamente por su formalidad.

En general, siguiendo esta característica de “usted”, si alguien desea poner distancia con respecto a otros, lo hace de inmediato con sólo usarlo. Si se desea, por el contrario, crear un ambiente de intimidad, recurre al ‘tuteo’ (o al ‘voseo’).

 

Las poderosas sutilezas de TÚ y USTED

 

Todas las lenguas distinguen tratamientos formales y corteses (para dirigirse a personas con mayor edad o rango) de tratamientos más familiares e informales (para hablar con amigos y personas cercanas). Las lenguas difieren mucho en los medios que usan para expresar esta diferencia, sin embargo. En inglés, por ejemplo, el uso del apellido corresponde al empleo formal y distante, mientras que entre amigos se usa el nombre; el coreano, el japonés y el tailandés despliegan un complejo sistema de varios niveles con diferencias léxicas, morfológicas y sintácticas para distinguir interlocutores de diferentes estratos sociales o jerárquicos; en polaco, se usa la tercera persona en combinación con algunos pronombres y ciertos vocativos para dirigirse a personas mayores o prominentes; varias lenguas austronesias (en el Pacífico Sur) usan la primera persona del plural para mostrar deferencia. En general, la expresión de la cortesía, la solidaridad y las relaciones de poder ocupa un nutrido capítulo en la gramática de las lenguas y, por lo tanto, en las preocupaciones de los lingüistas.

 

En español, como es bien sabido, esas diferencias están confiadas a dos formas pronominales: y usted. Adicionalmente, nosotros usamos la tercera persona del verbo, de manera que ¿Cómo está? es la opción para saludar a una persona mayor o a nuestro jefe, pero ¿Cómo estás? es la alternativa con nuestros amigos. El sistema no es el mismo en todo el español, sin embargo. En España, por ejemplo, los hablantes tienden a usar tú con mucha facilidad (a veces basta simplemente presentarles a alguien para que inicien el tuteo); en Colombia, en cambio, incluso los compañeros de clase se tratan entre sí de usted (tienen que tenerse realmente mucha confianza para permitirse el tú)—si esto último parece exagerado, recordemos que en el Perú es muy frecuente que los compañeros en el colegio se dirijan unos a otros usando el apellido y no el nombre, lo cual sin duda configura un subsistema de trato verbal.

 

Dada la opción entre tú y usted (y la correspondiente persona verbal), el hablante de español posee una herramienta sutil pero muy eficaz para expresar cómo se siente él mismo con respecto a su interlocutor y, en particular, cuál es su posición en la relación de poder y en la jerarquía de prestigio. Entre dos desconocidos con similar jerarquía un segundo criterio entra en juego: la edad. Todo el mundo tutea a los niños, los conozca o no; todos nos sentimos agredidos si un desconocido nos trata de tú, en especial si es visiblemente menor que nosotros.

 

Noten que el sistema anterior es en gran medida inconsciente; no podría ser de otra manera porque debemos tomar la decisión de usar la persona verbal adecuada en cuestión de segundos, y lo hacemos rápido y sin meditar al respecto. Sin embargo, su uso puede revelar mucho sobre las relaciones entre los interlocutores e incluso sobre la distribución de poder en una particular sociedad.