"Es preciso que los hispanohablantes de unos y otros países nos oigamos mutuamente hasta que el uso normal de cada país sea familiar para los otros. Debiendo adoptar todos este lema: ‘Hablo español, y no considero ajena a mí ninguna modalidad de habla hispánica’".

 

Rafael Lapesa, América y la unidad de la lengua española, en Revista de Occidente, mayo de 1996, y en El español moderno y contemporáneo, Crítica, Madrid, 1996.

 

"A todos nos conviene la unidad de la lengua española, con las matizaciones locales que hagan falta. Todo el mundo de habla española es un laboratorio creador, y lo práctico es aceptar las innovaciones más convincentes, vengan de donde vengan.

 

Gabriel Zaid, Prestigio de los mexicanismos, en El español en el mundo: anuario del Instituto Cervantes 2004, Círculo de Lectores y Plaza & Janés, Barcelona, 2004, p. 106.

 

"Esta conciencia de herederos de un legado intrínsecamente valioso, pero cuyo valor aumenta, paradójicamente, conforme se multiplican los beneficiarios, puede ser, agotados los argumentos que apelan a la historia común, la razón última y decisiva para defender esa unidad del idioma que todos deseamos mantener".

 

"Por lo demás, ¿qué quiere decir pureza castellana? El castellano es un latín evolucionado que adoptó elementos ibéricos, visigóticos, árabes, griegos, franceses, italianos, ingleses e indígenas de América, y continúa adoptando.

 

¿Cómo se puede hablar de pureza castellana, o en qué momento podemos fijar el momento de esa pureza del castellano y pretender que toda nueva aportación constituye una impureza nociva? La llamada pureza es en última instancia una especie de proteccionismo aduanero, de intransigencia lingüística, limitada, mezquina y empobrecedora, como toda intransigencia".

 

Ángel Rosenblat, Nuestra lengua en ambos mundos, Salvat y Alianza, Barcelona, 1971.

 

"…el español existe en todo su ámbito creadoramente. No hay en sus dominios zonas ‘pasivas’ o inerciales, con una lengua meramente recibida o residual. No hay tampoco lugares privilegiados en que ‘se haga la lengua’, frente a otros en que simplemente ‘se use’".

 

Julián Marías, "La lengua española como instalación histórica", en La España real, Espasa, Madrid, 1998, p. 615.

 

"No sólo no somos [los españoles] los dueños de la lengua: incluso, estadísticamente, somos una minoría. Lo he sabido al viajar a los países hispanos de América, al escuchar las musicalidades italianas del español del Río de la Plata, la claridad clásica del español de Colombia, pero lo percibo sobre todo al escuchar el español que se habla en Nueva York, donde existe una ‘confederación’ de todas las entonaciones y acentos posibles, y donde se da uno cuenta, por contraste con la presencia del inglés y de la civilización sajona, de todas las cosas comunes que nos han legado el idioma y el tiempo, de la amplitud de los espacios imaginarios que nos abre nuestra lengua".

 

Antonio Muñoz Molina, "Una provincia del idioma", en La vida por delante, Alfaguara, Madrid, 2002, p. 43-44.