a) Los diminutivos se llaman «orgánicos» cuando consisten en palabras modificadas por afijos; y «perifrásticos» cuando se forman anteponiendo al nombre el adjetivo «pequeño»: ‘un arbolillo; una pequeña picardía'(no se habla aquí de las expresiones con el adjetivo «pequeño» pospuesto porque en ellas este adjetivo no desempeña papel modificativo sino meramente calificativo o determinativo, y no es propiamente diminutivo: ‘una casa pequeña, la silla pequeña’).

 

b) Los diminutivos expresan muchas veces matices apreciativos independientes de cualquier clase de magnitud: ‘Esto tiene un gustillo…’ En muchos otras casos, el matiz introducido por el sufijo no se refiere ni siquiera al objeto designado, sino que expresa actitud afectuosa o amable de la persona que habla, no ya hacia la cosa, sino hacia la persona a quien habla: ‘Te tengo preparada la comidita. ¿Quiere usted echar aquí una firmita?’A los niños suele hablárseles en esta forma. Puede también el que habla infundir en el diminutivo un sentido ponderativo y hasta de queja o de censura: ‘Me he ganado 3.000 pesetillas. ¡Vaya nochecita que he pasado! Que se vaya a paseo la niñita’.

 

c) Muchos diminutivos orgánicos han cristalizado en significados peculiares, ocurriendo muchas veces que los distintos diminutivos de una misma palabra tienen significados totalmente distintos: ‘mujercita y mujerzuela; camita y camilla; pañito y pañuelo’.

 

d) Los diminutivos castizos en español son los orgánicos, los cuales son también más aptos que los perifrásticos para expresar un matiz afectivo. Los perifrásticos (con «pequeño») se emplean también con naturalidad, tanto con referencia al tamaño material como a la magnitud no material, con el artículo indeterminado: ‘una pequeña abertura, un pequeño trozo de cuero, un pequeño inconveniente, una pequeña alegría'; y, muy particularmente, con nombres calificativos: ‘un pequeño león, una pequeña Mesalina’. Pero con artículo determinado (‘el pequeño vendedor de periódicos, la pequeña niña que se me acercó’) suenan afectados o a galicismo; únicamente se recurre a ellos en algunos casos en que el oído rechaza la forma orgánica: ‘el pequeño ardid [la pequeña habilidad] de que se valió'(«el ardidito» y, sobre todo, «la habilidadita» son diminutivos que nadie usaría).

 

e) El sufijo diminutivo más general en español es «-ito, -a». Hay además, de uso general, «-ete, -a; -illo, -a; -ín, -a; -uelo, -a; -ico, -a; -iño, -a»; y se emplean a veces como diminutivos los despectivos, como «-aco, -ajo, -ejo, -ijo, -uco, -ujo»: ‘paseíto, rodete, maleta, bolillo, mentirilla, angelín, tontuela, mañico, brinquiño; clavija, viejuco’. Se pueden formar también diminutivos de diminutivos: ‘chiquitito, plazoleta, callejuela’.

 

f) La forma diminutiva se aplica particularmente a nombres y adjetivos; incluso a los nombres propios, particularmente de niños y mujeres. (A los hombres se les llama raramente con el nombre en diminutivo y sólo en el trato estrictamente familiar o muy íntimo; su empleo fuera de estos casos indica una actitud afectuosa, pero, a la vez, que no se concede mucha importancia al hombre de que se trata).

 

También admiten diminutivo algunos adverbios, especialmente los adjetivos usados como tales: ‘¡Hablad bajito! Vaya por esta calle todo seguidito'; también algunos otros, como «cerquita, lejitos, deprisita». El gerundio de algunos verbos admite el diminutivo en lenguaje informal, en particular dirigido a los niños: ‘El niño irá andandito, ¿eh?’.

 

Aunque es difícil reducir a reglas fijas todos los aspectos del uso de los distintos sufijos diminutivos, he aquí algunas indicaciones que, aunque no agotan los casos posibles, pueden resolver las dudas más frecuentes.

 

g) Con respecto a los nombres, la forma en «-ito» denota pequeñez en cantidad o tamaño y no forma nombres de significado peculiar permanente: ‘librito, cochecito’. La forma en «-illo», en cambio, puede significar pequeñez en tamaño, pero más frecuentemente, significa falta de importancia: ‘un catarrillo, una propinilla'; y muchas veces forma palabras de significado peculiar permanente y nombres que se aplican sólo por analogía a la cosa en cuestión: ‘librillo'(de papel de fumar), ‘mesilla'(de noche), ‘perilla’ o ‘bombilla'(de luz eléctrica), ‘carilla'(de papel), ‘un cabecilla, un cuernecillo, una sabanilla’. Sin embargo, hay algunas excepciones a este valor relativo de «-ito» e «-illo» aplicados a nombres; por ejemplo, ‘un hombrecillo’ es un hombre pequeño; y de un niño muy razonable se dice preferentemente que es ‘un hombrecito’.

 

h) La forma «-in, -ina» tiene el mismo valor que «-ito, -a», pero es mucho menos usada. Lo mismo se puede decir de las formas «-ico, -a» e «-iño, -a», sólo ocasionalmente usadas por personas que no sean de las regiones que tienen ese diminutivo como peculiar.

 

i) Las formas en «-ete, -a» y «-uelo, -a» tienen valor semejante al de «-illo, -a». «-Ete» forma, más aún que «-illo», nombres de significado peculiar y se aplica acomodaticiamente, aunque menos que «-illo», a designar por semejanza objetos distintos del que lleva propiamente el nombre: ‘palacete, herrete, boquete, juanete, filete, camiseta, peineta, un rodete, una uñeta, un escudete’. «-Uelo» es mucho menos frecuente: ‘pañuelo, buñuelo, tejuelo’.

 

j) En cuanto a las formas «-ajo, -ejo, -ijo, -uco» y «-ujo», son propiamente despectivas y sólo se aplican como sufijos diminutivos en muy pocas palabras, que figuran en su lugar en el diccionario: ‘candilejas, almendruco’.

 

k) Otras terminaciones diminutivas se encuentran sólo en un número limitado de palabras, algunas procedentes directamente del latín, cuyo valor diminutivo puede a veces hasta pasar inadvertido, o de otras lenguas: ‘cervato, jabato, lobato; lobezno, osezno, rodezno; adminículo, película, umbráculo; abeja, clavija, rendija; espátula, fórmula; campanil; pasarela; boleto…’.

 

l) En cuanto a los adjetivos, la forma en «-ito» indica preferentemente pequeño tamaño en el ser adjetivado: ‘un niño rubito'; y la forma en «-illo», menor grado en la cualidad: ‘una chica guapilla [feílla]‘. Las otras formas tienen, en relación con éstas, valor semejante al indicado para su uso con nombres.

 

m) En cuanto a los adverbios, cabe anotar que, cuando envuelven queja o censura, el diminutivo es una atenuación de ésta y la forma empleada es «-illo». ‘está lejillos; has venido tardecillo, ¿eh?’

 

n) En cuanto a la formación de las palabras diminutivas, conviene advertir en primer lugar que los sufijos son siempre acentuados; por tanto, por un lado, la palabra, una vez modificada, tiene que resultar grave o aguda; y, por otro, el sufijo no forma diptongo con una vocal precedente: ‘carrerilla, papaíto, monín’. Se conserva la vocal acentuada, tanto si es final como si precede a otra final átona, pero, naturalmente, al ser el sufijo acentuado, perdiendo el acento: ‘mamaíta, ‘tiíta’. A veces, se intercala entre ambas una «l» o una «t»: ‘cafetito, Joselito’. Cuando la palabra acaba en vocal o diptongo átonos, suele perderse la vocal última: ‘armarito, estatuilla, Venezuela’. Con palabras que acaban en «n» o «r», se intercala «c» o «z» delante del sufijo: ‘Carmencita, ladronzuelo, mujercita, mejorcito'; pero en palabras agudas hay muchas excepciones:

‘alfilerito, carbonilla’. Con los monosílabos se intercala el grupo «-ec-»: ‘florecilla, panecillo, vocecita'; son excepciones los nombres propios: ‘Luisito, Blasillo, Juanito’. Algunos bisílabos tienen esta misma terminación: ‘padrecito, frailecillo, sobrecito’. El sufijo «-uelo» se hace preceder de una «h» para unirlo a una vocal acentuada: ‘aldehuela, correhuela’. Y, en otros casos, de los grupos «-ich-» o «-iz-»: ‘barquichuelo, pañizuelo’.

 

 

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