Jueves 17 de Marzo de 2011 02:01

Investigadores del Colegio de Maestros de la Universidad de Columbia (EEUU) afirman, luego de tres años de trabajo de campo en una escuela urbana, que el diálogo y el debate son herramientas mucho más útiles que los ensayos escritos para promover habilidades argumentativas en los estudiantes.

Deanna Kuhn y Amanda Crowell diseñaron un currículum innovador para impulsar el desarrollo de las capacidades argumentativas en los escolares, y midieron sus resultados, recientemente publicados en el periódico de la Asociación para la Ciencia Psicológica.

"Los niños conversan entre sí desde muy temprana edad", explica Kuhn. "Esto está anclado en la vida real, en tanto cumplir con una tarea escrita implica mayormente averiguar qué es lo que el maestro desea, y brindárselo. Para el alumno, esa es la única función de la tarea encomendada".

Kuhn y Crowell dirigieron una intervención de tres años en una escuela urbana cuyos estudiantes eran mayormente hispanos, afroamericanos y de bajos recursos. Comenzando en sexto grado, participaron dos clases con un total de 48 alumnos, y un grupo de 23 que actuó como control.

En el primer año, los estudiantes debieron ocuparse de temas de interés social, comenzando por aquellos más cercanos a su experiencia, como ser la disciplina escolar, y avanzando hacia temas más generales, como el aborto o el control del armamento personal. Trabajando en grupos, los estudiantes se prepararon para debatir, enumerando y evaluando las razones de sus creencias, analizando los argumentos de sus opositores y considerando contra argumentos y refutaciones, para luego debatir las ideas opuestas.

Durante los años subsiguientes los participantes debieron generar preguntas cuyas respuestas servirían para argumentar -un modo de promover el aprecio por las evidencias. Pronto, los estudiantes no sólo generaban muchas pregunas, sino que también se ofrecían voluntariamente para encontrar las respuestas.

Los debates fueron en línea, otra innovación del proyecto, de modo que los diálogos quedaban en las pantallas y promovían la reflexión. Luego seguía un debate propiamente dicho, y el trabajo concluía con un ensayo escrito donde cada parte justificaba su posición.

El grupo de control, por su parte, discutía en clase bajo la dirección del profesor, y luego debía escribir un ensayo sobre cada tema.

El análisis de los resultados demostró que el grupo experimental superó al de control en todos los aspectos, produciendo mejores argumentos y preguntas más consistentes.

Fuente: Science Daily. Leer nota original clip_image001.

 

 

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