Pablo Neruda

(1904 – 1973)

Neftalí Ricardo Reyes Basoalto, poeta chileno surrealista, uno de los más importantes del siglo XX. Su influencia sobre los poetas de habla hispana ha sido incalculable y su reputación internacional supera los límites de la lengua.

Nació en Parral (Chile) el 12 de Julio de 1904, hijo de un ferroviario, y perdió a su madre cuando recién cumplía un mes de vida.

Comenzó escribir poesías cuando aún era un niño, el seudónimo de Pablo Neruda comenzó a usarlo cuando apenas tenía dieciséis años, Neruda lo tomó del poeta Checo Jan Neruda. 

En 1920 ingresó en el Instituto Pedagógico de Santiago, pero no concluyó los estudios.

En 1927 fue designado cónsul por su país en Birmania. Luego vivió en Madrid el período de la Guerra Civil, en que fue partidario de los Republicanos. También ejerció la tarea consular en México, donde obtuvo el Premio Nacional de Literatura en 1945 y en Chile ejerció la Presidencia de la Sociedad Chilena de Escritores en 1958.

Gabriela Mistral lo influenció en conocer a los novelistas rusos, que el poeta admiró toda su vida.

Crepusculario (1923). Fue su primer libro, lo publicó con su dinero y con la  colaboración de amigos.

Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924) ha sido el más vendido (ha superado el millón de ejemplares), y esta Obra lo llevó a destacarse entre uno de los mejores poetas de Latinoamérica.

Residencia en la tierra (1933), se destaca entre las numerosas obras, contiene poemas impregnados de trágica desesperación ante la visión de la existencia del hombre en un mundo que se destruye.

Canto general (1950), un poema épico-social en el que retrata a Latinoamérica desde sus orígenes precolombinos.

Confieso que he vivido (1973). Obra póstuma; en el mismo año de su fallecimiento, se publicaron sus memorias. 

Premios recibidos

Premio Nacional de Literatura (1945).

Premio Nobel de Literatura (1971).

Premio Lenin de la Paz (1972).

 

POEMA QUINCE

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,

y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.

Parece que los ojos se te hubieran volado

y parece que un beso te cerrara la boca.

 

Como todas las cosas están llenas de mi alma

emerges de las cosas, llena del alma mía.

Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,

y te pareces a la palabra melancolía;

 

Me gustas cuando callas y estás como distante.

Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.

Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:

déjame que me calle con el silencio tuyo.

 

Déjame que te hable también con tu silencio

claro como una lámpara, simple como un anillo.

Eres como la noche, callada y constelada.

Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

 

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.

Distante y dolorosa como si hubieras muerto.

Una palabra entonces, una sonrisa bastan.

Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

 

POEMA VEINTE

 

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

 

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,

y tiritan, azules, los astros, a lo lejos».

 

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

 

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

 

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.

La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

 

Ella me quiso, a veces yo también la quería.

Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

 

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

 

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.

Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

 

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.

La noche está estrellada y ella no está conmigo.

 

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.

Mi alma no se contenta con haberla perdido.

 

Como para acercarla mi mirada la busca.

Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

 

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.

Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

 

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.

Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

 

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.

Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

 

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.

Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

 

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,

Mi alma no se contenta con haberla perdido.

 

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,

y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

 

 

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