La expresión gráfica de las pausas y de la entonación corresponde a los signos de puntuación. Las pausas que obedecen a una necesidad lógica de la oración aparecen marcadas gráficamente por una coma (,), si se presentan en el interior de la oración, o por un punto (.), si se trata de pausa final precedida de entonación descendente. Los dos puntos (:) y el punto y coma (;), también señalan pausa precedida de descenso en el tono, pero denotando que no se termina con ello la enunciación del pensamiento completo.

 

Los dos puntos preceden a una enumeración explicativa o separan un vocativo del enunciado que a continuación se le dirige.

Ejemplos:

Había cuatro personas: Un hombre y dos niños.

Querida tía: Dando respuesta a su carta…

Y dijo: “Al abordaje muchachos…

 

El punto y coma señala que la pausa y el descenso de entonación no suponen el fin de la oración completa, sino un mero descanso que separa dos de sus miembros:

Vino, primera, pura, vestida de inocencia; y la amé como un niño. (J. R. Jiménez).

Es muy frecuente este signo entre oraciones adversativas:

El camino no ofrecía grandes peligros; sin embargo, no me atreví.

 

La pausa inesperada o la conclusión vaga, voluntariamente imperfecta, de una frase, llevan consigo un tono sostenido, sin ascenso ni descenso. Su representación ortográfica son los puntos suspensivos (…).

Ejemplos:

Tengo que decirte que… no me atrevo.

Había leones, tigres, camellos, monos…

 

El inciso, la oración o frase explicativa que se intercala dentro de otra interrumpiendo su fluir, puede encontrar signo ortográfico en la coma, si su estructura es simple; así ocurre con la mayoría de las oraciones adjetivas explicativas:

El anciano que nada sabía de aquello, se presento al día siguiente.

 

Si la frase intercalada es larga o su colocación puede turbar el sentido general de la oración, se escribe entre paréntesis, o, lo más frecuente hoy, entre rayas (-):

Las sombras –la del alero de un tejado, la de un viejo muro-  adquieren imperceptibles colores…

 

Las rayas sirven también para poner énfasis a lo que entre ellas se encierra:

El encanto –inquietante y misterioso- de una de esas mujeres… (Azorín).

 

La entonación afectiva, de tan variados matices (sorpresa, alegría, energía, admiración, etc.), solo cuenta con un signo que la exprese, el de admiración (¡!). los ejemplos siguientes, comparados entre sí, y cada uno de ellos consigo mismo en circunstancias distintas, presentarían una entonación diferente; sin embargo, su ortografía es igual:

¡Qué susto!

¡No lo entiendo!

¡Dios mío!

¡Adiós!

 

Lo mismo ocurre con los diversos tipos de entonación interrogativa, expresados todos por un mismo signo de interrogación (¿?).

Ejemplos:

¿Quién vive?

¿Me da lumbre, por favor?

¿Fuiste tú?

 

Los escritores tratan a veces de dar a entender con más exactitud los distintos tonos por medio de la acumulación de signos (¡¡Cielos!!) o de su combinación (¡Dios mío, por qué yo?); peor son procedimientos poco usados hoy.

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